viernes, 6 de abril de 2018

Sobre la clonación y la alteridad










“El otro es lo que me permite no repetirme hasta el infinito”
(Baudrillard, 1990)

A comienzos de este año la noticia de que científicos chinos consiguieron clonar primates con métodos novedosos de investigación generó sorpresa e inquietud en la opinión pública por la repetida y usual pregunta: ¿Y en el futuro será posible clonar humanos? Los titulares sobre los posibles efectos perniciosos de la clonación en la prensa local e internacional no se hicieron esperar. Los viejos interrogantes de finales del siglo XX, después de la famosa clonación de la oveja Dolly en Edimburgo (Escocia), regresaron para saturar por unos días los medios de comunicación.

Desde luego la humanidad ha logrado conquistar la tierra, los cielos, los mares, el espacio y probablemente la clonación de la especie no será ningún obstáculo en su aspiración de controlar y dominar su propia naturaleza y aquella que lo rodea. Sin embargo, las consecuencias de la clonación humana van más allá de qué tan bueno o malo es para el bienestar de la especie en el planeta tierra dicho acontecimiento “hipotético” de crear la copia idéntica de cualquier individuo. En este contexto, tengo que aclarar que no me interesa ver la cuestión desde un punto de vista moral. Estoy convencido de que en su momento los gobiernos y la aldea global tendrán que vérselas con qué tan bien o mal resulta clonar seres humanos en las circunstancias en que se produzca dicho fenómeno. La literatura es extensa acerca de las consecuencias imprevisibles de la administración correcta o incorrecta de las invenciones científicas, por ello no entraré a controvertir en este sentido.

Hecha la anterior salvedad, quiero enfocar la cuestión en otra perspectiva. En el siglo XX, el filósofo alemán Walter Benjamin redactó un ensayo muy popular que aún se lee en las aulas y claustros universitarios: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. En dicho ensayo Benjamin acentuaba que en la época industrial la obra de arte se veía en la condición inevitable de perder su aura, de perder aquella característica esencial que la distingue de todas las demás: su originalidad. Las artes hijas de la era industrial: la fotografía, el cine y los mass media dan testimonio irrefutable de la primacía de la reproducción sobre la producción, de la copia sobre el original, del doble por encima del modelo. ¿y a qué cuento viene esto con la clonación? Pues que la genética y la biología contemporáneas buscan crear un organismo idéntico a los otros de su especie. En el fondo se busca anular la diferencia en función de la repetición o el imperio de “lo mismo”, “lo igual”, “lo homogéneo”.

En esta línea de ideas, el pensador francés Jean Baudrillard metaforiza un mundo de clones que denomina El infierno de lo mismo en su ensayo La transparencia del mal, augura un infierno en el cual concretar la fantasía del duplicado significaría la muerte como individuos. El gemelo idéntico sustituiría la procreación sexuada. Prescindiendo del otro para reproducirse, el clon no tendría ni madre ni padre, tendría un donante que se habría engendrado a sí mismo; el código genético sería el único agente de reproducción que pariría a las copias hasta el infinito. La demultiplicación serial borra al sujeto, al individuo real y diferente. En dicho infierno no existiría ni el uno ni el otro, únicamente el clon consigo mismo; en términos metafísicos: la desaparición de la alteridad y la transparencia de los otros.

Cabe resaltar que Baudrillard hace un ejercicio de diagnóstico del bien y el mal en las sociedades contemporáneas sin usar los viejos conceptos de moral y culpa. El bien lo asocia con todo el trabajo de blanqueamiento operacional, positividad y profilaxis en que se empeña el mundo actual. El ideal contemporáneo de un mundo clínico expurgado de enfermedades e infecciones contagiosas al sistema representa hoy la guerra del bien contra el mal. La obstinación por erradicar fenómenos extremos como el sida, el terrorismo, el crac y los virus electrónicos encarna el desvelo humano por extirpar su parte maldita, rechazar y expulsar la negatividad, el desequilibrio y el antagonismo tan indispensables para la vitalidad de cualquier organismo o cuerpo social. El bien y el mal son términos íntimos, indiferenciados, ligados el uno al otro de forma inseparable, por eso tratar de promover uno sobre otro es absurdo desde cualquier punto de vista. La incoherencia, la anomalía, el caos, la crítica y las crisis periódicas le otorgan vida a un posible mundo sofocado por la luz, la positividad y el orden.

Los defensores incondicionales del amor, la alegría, la paz y los valores positivos (la tolerancia, el respeto, la honestidad etc.,) caen con frecuencia en un sentimentalismo y fanatismo ingenuos que promocionan la positividad insaciable del sistema político y social. Baudrillard compara esto con la profilaxis de un cuerpo biológico: la acción de eliminar del espacio sus gérmenes, sus parásitos, sus bacilos, extirpar aquéllos incómodos enemigos biológicos que habitan en cada individuo (Algo parecido al término de 'limpieza social' que suelen usar los grupos paramilitares en Colombia); desencadena la posibilidad terrorífica de la metástasis o el cáncer donde la positividad engulle sus propias células, o los anticuerpos engullen el propio organismo. La catástrofe del bien por el bien. La reversión total de un mundo recto y limpio que desprecia la curvatura del mal. Las enfermedades virales, las crisis económicas, el fanatismo político y los virus electrónicos constituyen la expresión objetiva del mal que tiene que ser suprimido y exterminado por “el bien de la sociedad”.

Y desde luego, la clonación encaja dentro de las positividades del “bien” que buscan expulsar y rechazar la negatividad, el antagonismo y la adversidad de la parte maldita, en este caso representada por el otro. Baudrillard la define como la prótesis tecnológica por excelencia, en tanto que el código genético no es “natural” sino producto de “la inteligencia artificial”. La RAE define prótesis: “Pieza, aparato o sustancia que se coloca en el cuerpo para mejorar algunas de sus funciones”, Baudrillard le da un sentido más amplio del significado habitual incluyendo casi todas las invenciones tecnológicas de la revolución informática: televisión, teléfonos, celulares, pantallas tecnológicas, computadores, redes, mass media etc., Todas estas prótesis convertirían a los hombres virtuales en paralíticos físicos, y eventualmente en paralíticos mentales. Dos preguntas: ¿Para qué pensar si las máquinas lo hacen por nosotros? ¿Y en verdad la clonación es la cumbre del desarrollo de “la inteligencia artificial”?

Fuentes:

http://www.telemundo.com/sites/nbcutelemundo/files/styles/article_cover_image/public/images/promo/article/2018/01/25/clonacion_de_monos.jpg?itok=kxPEOsp3


Baudrillard, J. (1990). La transparencia del mal: Ensayo sobre los fenómenos extremos. Barcelona: Anagrama. Retrieved from https://azcireanimacion.files.wordpress.com/2012/08/baudrillard-la-transparencia-del-mal_ocr.pdf

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