lunes, 17 de abril de 2017

Lo siniestro, de Sigmund Freud







Pienso que me aguardaba la imperiosa necesidad de escribir cualquier meditación luego de enclaustrarme cual monje medieval en Semana Santa y leer sin cansancio día y noche; creo que conseguí mi cometido de digerir buenos libros de literatura entre novelas, cuentos y pequeños relatos. En este lapso de tiempo dejé a un lado los textos serios y cerebrales relativos a la teoría social o al pensamiento filosófico, con la excepción del sucinto opúsculo que concierne a ésta entrada. 

Elegí un texto de Freud que corresponde a su segunda etapa de trayectoria intelectual en tanto pensador y fundador del psicoanálisis, Lo Siniestro (1919), también traducido bajo el título de Lo Ominoso, se sitúa como preludio de obras como Más allá del principio del placer (1920), El yo y el ello (1923) y El malestar en la Cultura (1930). El aparato psíquico de consciente-preconsciente-inconsciente postulado en su primera etapa, frutos de sus investigaciones con las histéricas de Charcot y su descubrimiento de las manifestaciones del inconsciente en el sueño, los chistes y los actos fallidos, cedió paso al modelo yo-ello y súper yo. Considero que el opúsculo no tiene desperdicio y que engarza muy bien con el llamado “miedo líquido” de las sociedades contemporáneas.

Freud comienza aclarando qué tiene que decir el psicoanálisis en el campo de la estética, pensada esta como ciencia de la sensibilidad de lo bello y de lo espantoso, precisamente allí en el terreno de lo espantable, angustiante y espeluznante la disciplina psicoanalítica tiene algo apreciable que decir. De entrada existe un enorme interés lingüístico por el origen etimológico de Heimlich y Unheimlich, lo familiar y lo extraño, lo conocido y lo desconocido, lo íntimo y lo insólito, tal diferencia la rastrea Freud en el alemán, el latín, el griego, el inglés, el francés y el español. Otorgando especial importancia a su lengua materna, encuentra la definición que Schelling le da al concepto de lo ominoso: Unheimlich sería todo lo que debía haber quedado oculto, secreto, pero que se ha manifestado. Dicha definición servirá de guía orientador en el ejercicio de interpretación psicoanalítica de obras literarias que Freud se propone ejecutar en los siguientes apartados.

Tomando como referencia al psiquiatra alemán Ernst Jentsch, cita el caso de lo siniestro en el que la duda en que un ser aparentemente animado, sea en efecto viviente; y a la inversa: de que un objeto sin vida esté en alguna forma animado. Las esculturas humanas y animales, las muñecas y los autómatas representarían bien lo primero, y cualquier objeto inanimado lo segundo. Los sentimientos de incertidumbre, inquietud y asombro tendrían aquí prioridad. Freud pretende tumbar dicho presupuesto recurriendo al armazón psicoanalítico interpretando las obras del poeta insignia del romanticismo alemán, E.T.A. Hoffmann.

Recordé al poeta romántico por la popular canción de Metallica, Enter Sandman, inspirada en el cuento Der Sandmann (El arenero). Freud reseña con propiedad todo el relato, y llama la atención cuando el arenero pierde los ojos, representación del complejo de castración. En psicoanálisis la angustia de perder algún órgano del cuerpo se asocia directamente con la angustia frente a la pérdida de los genitales experimentada en la infancia. La mutilación efectiva, el miedo a quedar ciego, o el miedo al corte de brazos y piernas, ejerce como sustituto del complejo de castración infantil. Ilustra bien semejante cuestión el mito de Edipo Rey, usado ampliamente por la teoría analítica.

En el otro relato analizado, Los elixires del diablo, el asunto se centra en la problemática del “doble” o “del otro yo”: desdoblamiento del yo, partición del yo; finalmente con el constante retorno de lo semejante, con la repetición de los mismos rasgos faciales, caracteres, destinos, actos criminales, aun de los mismos nombres en varias generaciones sucesivas. Tuve la oportunidad de leer la narración que relata la vida del cura Medardo, monje católico engullido por el crimen y las pasiones mundanas, quien busca la redención en la perdición de su amada Aurelia. Sin embargo lo relevante de la narración se sitúa en el sosia que persigue al monje en toda la obra. Un espectro abominable que lo atormentará en su periplo de mentiras y homicidios. En el plano del sujeto Freud adjudicará el asunto del doble como característico de la fase de narcisismo infantil que determinará posteriormente la formación del super-yo, instancia psíquica de censura y regulación de los deseos e ideas del individuo; en el plano de la cultura lo situará como un rasgo predominante del animismo y las sociedades primitivas, colocando énfasis en la creencia mítica del “alma inmortal”, el desdoblamiento del ser en espíritus idénticos aseguraba la supervivencia del hombre primitivo. En este orden de ideas, en el tránsito de las sociedades tradicionales al mundo moderno, la idea del otro idéntico se fue convirtiendo en un espantajo del inconsciente colectivo, un mensajero siniestro de la muerte.

En la exégesis de los trastornos psíquicos del yo encontrados en la obra de Hoffmann, aparece la repetición de lo semejante, temática que actualmente usan con sevicia las películas de terror, por ejemplo, la sensación de llegar una y otra vez al mismo sitio y que provoca la impresión de lo siniestro, el retorno involuntario a un mismo lugarpor ejemplo cuando uno se pierde, sorprendido por la niebla en una montaña boscosa, y pese a todos sus esfuerzos por encontrar un camino marcado o conocido, vuelve varias veces al mismo lugar caracterizado por un aspecto determinado. Respecto a esto Freud señala que la actividad psíquica inconsciente del sujeto está regida por un impulso de repetición, automatismo de los instintos que queda en evidencia en las tendencias de los niños y en el diván de trabajo con los neuróticos. 

Vale señalar que la disciplina psicoanalítica inaugurada por Freud no contempla la clásica división médica de salud y enfermedad, según Freud todas las personas padecemos algún tipo de neurosis en mayor o menor grado, el descubrimiento e investigación de la estructura del inconsciente lo asentará en este postulado. Fundamento que determinará su ruptura con la ciencia médica y la psicología académica, vale recordar el dudoso estatus científico del psicoanálisis, reducido por los más escépticos al carácter de lo indemostrable y la charlatanería de diván. Con ánimo de hacer justicia al psicoanálisis, basta indicar que Freud inició su trayectoria profesional como médico en la clínica del ilustre neurólogo francés Jean-Martin Charcot, de sus investigaciones de los síntomas de las mujeres histéricas inventó y teorizó la práctica analítica; igualmente el psicoanálisis ha demostrado influir en numerosos campos de las ciencias sociales y humanidades, ¿Qué sería de la teoría crítica de Frankfurt (Adorno, Benjamin, Habermas) sin la influyente idea analítica del inconsciente? ¿Cómo imaginar el dispositivo de la sexualidad sin el concepto freudiano de represión pensado por el psicólogo Foucault? ¿Qué tendrían que decir las teorías queer y feministas sin las nociones freudianas de identidad y personalidad del yo? Y en el terreno de las artes, ¿Cómo pensar las obras de Dalí, Hitchcock, Buñuel, Zweig sin las ideas de Sigmund Freud?

Retornado al argumento central del opúsculo, el autor termina sus comentarios de los cuentos de Hoffmann exponiendo casos concretos de sus experiencias clínicas. El caso de algunos pacientes que padecían un trastorno neurótico obsesivo en el que ciertos presentimientos se realizaban: “De ningún modo se sorprendían al encontrarse regularmente con la persona en la cual, quizá por vez primera en mucho tiempo, acababan de pensar; regularmente sucedíales que recibían por la mañana carta de un amigo, y la noche anterior habían dicho: “Hace tiempos que no sabemos nada de fulano”. Sobre todo, raramente se producían accidentes o fallecimientos, sin que poco antes la idea de esa desgracia hubiera pasado por su mente”. Freud denomina a este trastorno omnipotencia del pensamiento, o en palabras antropológicas, la atribución de fuerzas mágicas y sobrenaturales en algunos hombres primitivos sobre seres vivos y objetos. Por último, queda por explicar el originario miedo hacia la muerte, desde las sociedades primitivas el inconsciente ha reprimido la idea de la mortalidad, bien sea inventando mundos más allá de la muerte o creyendo en la reencarnación de las almas, Freud indica que ésta resistencia se ha extendido a las sociedades modernas donde la represión ha cobrado formas más sofisticadas.

En la descripción de los factores que transforman lo angustioso en siniestro: el complejo de castración, las repeticiones involuntarias, las actitudes frente a la muerte, la omnipotencia del pensamiento y el retorno siniestro de lo primitivo; quiero añadir que los afectos de la angustia nunca se reprimen, según la teoría psicoanalítica las ideas cargadas de afecto son las que se reprimen en la instancia psíquica del inconsciente: la idea del acontecimiento, del suceso, de la vivencia. Estas ideas reprimidas del mecanismo inconsciente retornan a la conciencia bajo la forma de un síntoma, un chiste, un sueño o un acto fallido. En el caso de lo siniestro, lo que en otro tiempo fue Heimlich (secreto, íntimo, familiar) en la mente del sujeto por efectos de la actividad represiva vuelve bajo la forma de lo Unheimlich (lo extraño, lo desconocido, lo raro). El acontecimiento que provoca la angustia de lo ominoso (lo horrible, lo aterrador, lo espantoso) generalmente siempre ocurre allí donde se desvanecen los límites entre fantasía y realidad; cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece ante nosotros como real, cuando la representación o el símbolo toman el lugar de lo representado. De esta manera termino con un ejemplo infalible de Freud respecto a lo anteriormente explicado:

En medio del bloqueo impuesto por la guerra mundial llegó a mis manos un número de la revista inglesa Strand, en el cual, entre otras lucubraciones bastante superfluas, hallé la historia de una joven pareja que se instala en una vivienda amueblada donde se encuentra una mesa de forma extraña, con cocodrilos tallados en madera. Hacia el anochecer se difunde por la habitación un hedor insoportable y característico, se tropieza en la oscuridad con algo, se cree ver eso indefinible que escapa por la escalera: en suma, se trata de hacernos creer que a causa de la presencia de esa mesa la casa está asolada por fantasmagóricos cocodrilos, o que en la oscuridad los monstruos de madera adquieren vida, o que sucede algo similar. El cuento era bastante tonto, pero el efecto siniestro había sido logrado magistralmente.

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