martes, 20 de septiembre de 2016

"En defensa de la intolerancia" de Slavoj Žižek







Voltaire publica en 1763 su Tratado sobre la tolerancia, obra imprescindible que patrocina la libertad de cultos y condena el fanatismo religioso en Francia, con ocasión de la muerte del comerciante Jean Calas. La postura liberal por la tolerancia, o el respeto por la diversidad de creencias, ritos, identidades o cultos, viene del siglo de las luces, y tiene un lugar determinante en las reivindicaciones multiculturales en la actualidad.

En muchos países del sur, de la periferia, los medios bombardean al público con noticias de violencia social clasificadas en casos de intolerancia: riñas, altercados, hurtos, homicidios etc., No obstante, el ensayo En defensa de la intolerancia (2007) no apunta a la tolerancia del ámbito cotidiano, sino más bien a la tolerancia de la esfera política. El filósofo esloveno Slavoj Zizek pone en discusión la perspectiva multicultural en tanto, dice, constituye la forma ideológica del capitalismo global y semeja un racismo indirecto e inconfesado de “superioridad” con ese Otro diferente.

En el plano cultural, la intolerancia de convivir y compartir con el Otro, se registra, principalmente, en el ámbito étnico-religioso. Desde un punto de vista antropológico, las ablaciones, las torturas y las prácticas “inhumanas” de comunidades aborígenes nunca son toleradas por alguien que defiende un pensamiento multicultural etnocéntrico. En el otro extremo, está el multiculturalista liberal que es excesivamente tolerante con violaciones a los derechos humanos, evitando imponer sus propios valores y concepciones occidentales al Otro. Evidentemente, en estas dos opciones, existe un conflicto y tensión entre la aldea global y las culturales locales, que demandan diálogo o negociación.

Zizek define la política como el arte de lo imposible, de lo impensable, lo inconcebible. De cómo las reivindicaciones particulares (de grupos específicos) consiguen convertirse en universales. Apuntalado en Jaques Ranciere, delimita el fenómeno de la política al demos griego: “El conflicto político, en suma, designa la tensión entre el cuerpo social estructurado, en el que cada parte tiene su sitio, y ‘la parte sin parte’ que desajusta ese orden en nombre de un vacío principio de universalidad”. Política y democracia son sinónimos en el vocabulario del filósofo esloveno. El pueblo excluido representa “lo que no tiene lugar”, “la no-parte”, “la entidad desconectada”, “lo que no tiene sitio”, es el portavoz de la sociedad en su conjunto, de “lo universal”, frente al lugar y puesto privilegiado de los gobernantes. La paradoja de un singular universal. La lucha política consiste en hacer oír la propia voz y que ésta se reconozca como proveniente de un interlocutor legítimo. Ser escuchado y reconocido como igual en un espacio político, establece la condición necesaria de todo arreglo o contrato social.

Las negaciones de ésta definición democrática de la política, son las siguientes: la archi-política (opta por el modelo médico organismo-enfermedad), la para-política (usa el modelo de la competición agonística), la meta-política marxista (apela al modelo del procedimiento instrumental científico-técnico), la ultra-política (recurre al modelo bélico) y la post-política (la de la negociación empresarial y el compromiso estratégico). De las anteriores, me interesó la descripción de la archi-política como el cuerpo compuesto en que “las divisiones sociales son las enfermedades de ese organismo, aquello contra lo que hay que luchar… la intrusión cancerígena, el parásito pestilente que debe ser exterminado para recuperar la salud del cuerpo social”; también me pareció sugerente la ultra-política, que enfatiza en la díada amigo-enemigo, de “nosotros” y “ellos”, la militarización directa de la esfera de concentración del poder. Guerra y política vendrían siendo sinónimos.

Sin embargo, la crítica del libro de Zizek apunta al concepto de la post-política. La nueva forma de negación de la paradoja del singular universal, acentúa la necesidad de desechar las viejas distinciones ideológicas entre izquierda y derecha, conservadores y progresistas, orden y emancipación, con el fin de atender las exigencias y reclamaciones puntuales de la gente. La fórmula del “New Labor” creada por Bill Clinton en EE.UU, e impulsada por Tony Blair en Reino Unido, del “centro radical”, ilustra “la pertinencia de prescindir de los prejuicios y aplicar las buenas ideas, vengan de donde vengan (ideológicamente). Pero, ¿cuáles son esas ‘buenas ideas’? La respuesta es obvia: las que funcionan”. Las ideas que funcionan dentro del capitalismo global. La postpolítica se define como el arte de lo posible. Los expertos y tecnócratas del primer mundo investigan y buscan dar solución a las necesidades específicas de las personas, neutralizando y despolitizando el espacio político. Es un intento de anular el conflicto y el antagonismo político, concibiendo soluciones parciales a problemas de gran alcance.

La política identitaria posmoderna de los estilos de vida pretende otorgar solución a las problemáticas de grupos clasificados y divididos en infinitos subgrupos (lesbianas negras, madres solteras, varones blancos enfermos de sida, mujeres hispanas, emigrantes chinos, ciudadanos de origen musulmán etc., etc.,). Entre tanta diversidad y pluralidad, resulta irónico que lo único que une a tanta gente sea “el vínculo del capital”. La lucha política resulta reducida a una batalla cultural por el reconocimiento de identidades híbridas y diferenciadas, anulando u omitiendo la dimensión económica. La tolerancia multicultural sirve de pantalla fantasmática de la maquinaria del capital financiero mundial.

Desde un punto de vista muy hegeliano, Zizek concibe que tanto la derecha (subraya lo particular) como la izquierda (subraya lo universal), se ven perjudicadas por la política postmoderna. Con la creencia popular de que el capitalismo está aquí para quedarse, detrás de bastidores el proceso de globalización embiste la identidad comunitaria de cualquier grupo cultural, al tiempo que despolitiza progresivamente la política y la economía y hace imposible proyectar reivindicaciones universales.

En el apartado La sociedad del riesgo y sus enemigos se examina la teoría sociológica del riesgo global de Ulrich Beck. Los riesgos perversos del uso inadecuado de las invenciones de la ciencia, la industria y la tecnología: el calentamiento global, el daño en la capa de ozono, el peligro de la energía nuclear, la manipulación genética de la agricultura etc.,  han hecho que la sociedad contemporánea se torne enteramente reflexiva: “Cómo alimentar y educar a un niño, cómo desenvolverse en el terreno de la seducción sexual, cómo y qué comer, cómo descansar y divertirse: todos estos ámbitos están siendo colonizados por la reflexividad, vividos como cuestiones por resolver y respecto de las cuales tomar decisiones”. En la sociedad del riesgo, los individuos tienen libre elección de comprar en las relaciones de mercado y elegir sus estilos de vida, sin embargo, se ven obligados a tomar decisiones sin disponer de un conocimiento suficiente sobre las consecuencias de sus actos. Tomar decisiones con precipitación sin tener en cuenta los efectos a corto o largo plazo, se instala como la norma corriente del mundo de la vida cotidiana.

El sujeto de la sociedad del riesgo no vive en plena libertad de elegir su destino, más bien, vive con la libertad ansiógena y angustiante de verse forzado a tomar decisiones vitales de las cuales desconozca sus futuras consecuencias. Los efectos finales, catastróficos o no, escapan a su comprensión. Zizek ilustra este punto con la película de Robert Zemeckis, Forrest Gump: “Gump es el espectador inocente que, sin hacer más de lo que hace, provoca cambios de proporciones históricas. Visita Berlín para jugar al futbol, envía por descuido la pelota al otro lado del muro y da inicio al proceso que acabará con su caída; visita Washington, se hospeda en el complejo Watergate, en plena noche advierte cosas raras al otro lado del patio, llama al vigilante y desencadena los acontecimientos que darán con la destitución de Nixon”. Las consecuencias imprevisibles e inesperadas de la sociedad del riesgo postmoderna, sin una mano invisible del mercado que coordine y regule las interacciones sociales, deja al individuo envuelto en la vorágine de la incomprensión final de sus actos.  

En definitiva, el gran aporte de Zizek a la teoría del riesgo global, viene de sus conocimientos psicoanalíticos y sociológicos. Recrea un trabajo de aplicación de las categorías del psicoanálisis a la sociedad del conocimiento y la información (en la línea crítica de la Escuela de Frankfurt de unir marxismo y psicoanálisis). Por ejemplo, convencido de que la verdadera izquierda representa el “no-lugar”, la “no-parte”, el punto de exclusión del cuerpo social (los inmigrantes, los refugiados, los “sin techo”, los queer, los marginados), metaforiza esto mediante la identificación con el síntoma del cuerpo del neurótico.     

Asimismo recalca el lugar velado de la subjetividad en todo este atolladero contemporáneo de la sociedad del riesgo. La controversia por la nueva forma científica de la reproducción sexual, la clonación, cuestiona la libertad de la personalidad de la especie. O el genoma nos determina completamente, o no incide en absoluto en nuestra identidad personal.

Como prueba antecedente, Zizek ejemplifica la frustrada manipulación genética de la sexualidad en el uso extendido del viagra. Es claro que el hombre que toma viagra suprime el único signo de espontaneidad de su deseo sexual. Aquel que toma viagra puede copular, su pene le queda en erección, pero no por eso deja de sentir la angustia fatal de la castración: “el hombre que copula gracias al viagra es un hombre con pene, pero sin falo”. En psicoanálisis el pene es el órgano biológico (físico) y el falo es el significante de la potencia, de la autoridad simbólica: “En la economía psíquica sexual masculina, la sombra siempre presente de la impotencia, el pavor a que en la próxima relación el pene no entre en erección, es esencial en la definición de la potencia masculina”. La paradoja en este caso radica en que la erección depende únicamente de la mente del sujeto, y que simultáneamente ésta erección está fuera de su control: “Si los ánimos no son los adecuados, ningún esfuerzo de concentración o de voluntad podrá provocarla; de ahí que, según San Agustin, el que la erección escape al control de la voluntad es un castigo divino que sanciona la arrogancia y la presunción del hombre, su deseo de convertirse en dueño del universo”. Lo que ha hecho la manipulación científica, con la invención del viagra, es convertir el acto sexual en un procedimiento meramente mecánico que desexualiza la copulación.     

El malestar en la sociedad del riesgo global, la violencia inherente de la postpolítica (los fundamentalismos culturales y las reacciones juveniles Id-Evil), el derrumbe de la autoridad simbólica paterna, el “Genio del mal” que representa Bill Gates, el tamagotchi como primer objeto virtual de inter-pasividad del neurótico-obsesivo, así como las funciones de la sexualidad científica y la espontaneidad New Age, son cuestiones explicadas al detalle en el excelente ensayo En defensa de la intolerancia


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