martes, 12 de enero de 2016

Las relaciones diplomáticas de Colombia en el Caribe 1915-30





Revisando la retórica diplomática de Colombia de principios de la centuria pasada, vale resaltar la adulación excesiva que se estilaba en la época: “Excelentísimo”, “Su excelencia”, “Vuestra señoría”, "Su eminencia", tan frecuente en los informes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y documentos de la biblioteca de la Cancillería en Bogotá. La persuasión estaba al servicio de la etiqueta y los modales que recordaban la época cortesana de los europeos. Los "cachacos" y los "antioqueños" conservadores, que querían retornar al ethos hispánico, fueron los encargados de definir la mayoría de las pautas de acción de política exterior del país, de 1985 a 1930.
Ahora bien, son múltiples las perspectivas de comprensión que han abordado los asuntos de la diplomacia de Colombia en el Caribe. Entendiendo la diplomacia entre naciones como el ejercicio político para llegar a "ajustes", "arreglos", "modus vivendi", en modo alguno a soluciones definitivas de conflictos o controversias (Fraga, 1977). En las administraciones de Concha, Suárez, Holguín, Ospina y Méndez la diplomacia se caracterizó como la actividad de "la veracidad, la cortesía y la benevolencia", según la visión positiva y optimista del embajador e historiador Raimundo Rivas (1961, p. 655-699). Opta por la línea de interpretación de que  las relaciones de Colombia con los países caribeños, de 1915 a 1930, estuvieron marcadas por la apertura, la amistad, la cordialidad y el buen trato, con excepción de Estados Unidos y Nicaragua, países con los que se presentaron relaciones de “hipocresía” y de hostilidad debido al aval de la separación de Panamá del primero, y del establecimiento de los límites territoriales con el segundo. Se generó polémica en la primera guerra mundial por oficinas alemanas de radiodifusión ubicadas en Cartagena, Santa Marta y la isla de San Andrés, en 1915 el canciller Marco Fidel Suárez aprobó el cierre de estas oficinas y confirmó la neutralidad de Colombia en dicho conflicto internacional.  Dicho sea de paso que en los informes del Ministerio de Relaciones Exteriores de esa época, Colombia se presenta como una nación con debilidades y dificultades en la interdependencia con las potencias extranjeras: Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Por ello la neutralidad oficial.
Otra línea de interpretación arguye, por el contrario, que aconteció un retroceso o estancamiento de la política internacional de Colombia en la cuenca del Caribe en el período estudiado (Clemente, 2000) (Ramírez Ocampo, 2000). A principios del siglo XX, Colombia comienza un período de aislacionismo, marginación y encierro en la región andina. El crecimiento económico del país durante la hegemonía conservadora (1915-1930), por el impulso de la economía cafetera y la indemnización por el tratado Thompson-Urrutia, fue de espaldas al mar (Ramírez Ocampo, 2000), y las regiones caribe, amazónica, pacífica y del orinoco se fueron forjando autónomas e independientes. Ramírez Ocampo observa que “la pérdida de Panamá es la causa y la consecuencia del parroquialismo en las relaciones internacionales de Colombia”, y que “la prudencia, la cautela y el temor” fueron las normas de acción en el escenario internacional, sobre todo en el “Gran Caribe”.
Diego Uribe Vargas, canciller y reputado investigador de cuestiones políticas y del derecho del mar, sostiene que en el siglo XIX toda la política internacional colombiana giró en torno a la vía interoceánica del istmo de Panamá, asunto que se liquida por el zarpazo estadounidense en el siglo XX de “una política imperial descarada” (Uribe Vargas, 1996). Eduardo Umaña Luna sigue de cerca esta afirmación al declarar: “Unos, son las reinas, y otros, los peones, en el ajedrez americano” (Uribe Vargas, 1996). Las relaciones asimétricas de poder vienen a manifestarse por la enorme influencia del país del norte.
Incluso estos investigadores llegan a asegurar que la nación en la primera mitad del siglo XX fue “el tibet suramericano”, mote asignado por el ex-presidente López Pumarejo, por su situación de enclaustramiento en materia de relaciones exteriores.
En todo caso, la diplomacia a la vieja usanza, con sus ceremonias, buenos modales, cócteles, reuniones y tratados solemnes, reinó en los mandatos conservadores.  
Es conveniente dar la definición de lo que se entiende por “tratado”.  Para ello, valen dos sentidos. En sentido restringido el tratado es un acuerdo entre estados, entre naciones. En sentido amplio, significa “un acuerdo entre sujetos de derecho internacional para producir efectos jurídicos, y regido por el derecho internacional, cualquiera que sea la denominación del acuerdo y el número de instrumentos en que conste” (Moyano Bonilla, 1983: 165). Es decir, el acuerdo puede ser entre Estados, entre Estados y organismos internacionales, así como entre diferentes organismos internacionales. El tratado solemne se diferencia de los acuerdos en forma simplificada. Estos tienen un carácter de inmediatez y privilegian al ejecutivo, por ej. Acuerdos aduaneros, militares, aéreos, postales, y tienen como instrumentos de base cartas, canje de notas, minutas de aprobación etc., En cambio aquél pasa por un proceso de negociación, firma y última ratificación en el poder legislativo de un Estado de derecho. El tratado tiene otro rasgo distintivo, según los actores gubernamentales que intervengan en el contrato: es bilateral o multilateral. Entre dos o más actores internacionales.

Temas, controversias y arreglos en política internacional (1915-30)
Colombia afronta tres problemas fundamentales de política exterior:
Primero. La construcción de un Estado nacional que permitiera la inserción del país en las relaciones comerciales en un mercado globalizado.  El establecimiento de un aparato burocrático que ejerciera el monopolio de la violencia física legítima dentro del territorio continental, insular y la plataforma marítima del país, proyecto enmarcado en la constitución de 1886, proclamando la unión Iglesia-Estado (Mesa, 1980) y la integración y cohesión de una comunidad imaginada alrededor de símbolos patrios como la bandera, el escudo y el himno nacional, asimismo enalteciendo el español como idioma oficial de la República de Colombia. Lamentablemente la fragmentación geográfica del territorio hizo imposible que los proyectos de organización estatal y un fuerte mercado nacional fuesen desarrollados con prontitud. Las escasas vías de comunicación y la inexistente infraestructura de transportes hicieron que desde tiempos de la colonia el país se dividiera en tres regiones: la primera asentada en la cordillera occidental (Antioquia, Caldas, Armenia, Valle del Cauca), allí el motor de la economía: la minería del oro, las flores, las telas y el café; la asentada en la cordillera oriental (Cundinamarca, Boyacá, los Santanderes, Tolima) donde se desarrolló la manufactura artesanal y la agricultura; y la costa atlántica, importante por la transacción de esclavos, el comercio de bienes de consumo y la exportación de oro (Palacios & Safford, 2002). Esta división generó problemas en políticas nacionales e internacionales hasta mediados del siglo XX cuando Colombia modernizó sus vías de comunicación. En el período señalado (1915-30) el poder central concentrado en la región andina subordinó e ignoró las configuraciones culturales y la riqueza de recursos naturales de las otras regiones, entre ellas el territorio de la costa atlántica y el mar caribe.
A 800 km de la costa continental de Colombia y a menos de 220 km de la costa nicaragüense, dentro de la cadena de arrecifes ubicado en el accidente geográfico denominado “la loma de Nicaragua”, el archipiélago de San Andrés ha estado históricamente más vinculado a las dinámicas de las metrópolis centroamericanas y el costado occidental del mar Caribe, que con el caribe continental colombiano (Mantilla, 2009:76). La “colombianización” de las islas, con la religión católica y el idioma español, sólo empezó a mediados del siglo XX, cuando se las comenzó a ver como zona estratégica de turismo, comercio y pesca, y hoy en día cobra relevancia por la constante presencia del narcotráfico. En el lapso 1915-30, el archipiélago estuvo en la mira de EE. UU y Nicaragua por las pretensiones e intereses económicos de antaño de construir un canal interocéanico que atraviese el río San Juan y conecte al mar caribe con el océano pacífico (Uribe Vargas, 1996). Proyecto que casi un siglo después sigue en "veremos".
Segundo ítem de la política internacional. La relación de dependencia del Estado de Colombia con los Estados Unidos de América. Durante estos tres quinquenios, el lazo Centro-periferia comienza a afianzarse en el Caribe, a partir del triunfo de los aliados en la “Gran guerra”, EEUU reafirma su poderío político, económico y militar en la región. Colombia tiene que obedecer a pies juntillas los mandatos y disposiciones de la nueva potencia mundial.
Ya en 1917, las relaciones entre ambas naciones eran dinámicas en temas tocantes a derechos individuales (detenciones y extradiciones de sujetos procesados), a negocios comerciales (control del comercio ilegal de opio, flujo de películas y discos artísticos, importación de instrumentos meteorológicos y servicios radiotelegráficos, derechos de cueros, paquetes postales, embargo de encomiendas, defensa del café colombiano, el control de artículos de contrabando y la compra de navíos mercantes), notas respecto a asuntos de neutralidad de Colombia en la primera guerra mundial e incidentes de carácter territorial en las costas del Pacífico y San Blas (República de Colombia, 1917).
El 25 de abril de 1921 se suscribe la aprobación en el congreso estadounidense del tratado Thomson-Urrutia, de la separación del istmo de Panamá, del  6 de abril de 1914 entre EE.UU y la república de Colombia.
Otros autores alegan la intervención implícita de EE.UU en la firma del tratado Esguerra-Bárcenas (Zamora Rodríguez, 2000)
Tercero.  La situación diplomática  colombiana de amistad con las otras naciones del caribe, continentales e insulares. Dos importantes tratados ratificados dieron solución parcial a controversias territoriales.  
Colombia-Panamá
Las disposiciones fruto del tratado Urrutia-Thompson firmado entre Colombia y los Estados Unidos determinaron las relaciones económicas y políticas entre Panamá y Colombia de 1915-1930, este gana las siguientes prerrogativas: “el derecho a transportar por el canal sus tropas, materiales y buques de guerra, igualdad de derechos con los Estados Unidos para el paso de productos y correos por el Canal, “la misma igualdad para los colombianos que atraviesen la zona del canal, uso del ferrocarril para tropas, material de guerra, agentes, empleados, uso del ferrocarril para el transporte de carbón, petróleo y sal marinas; veinticinco millones de dólares, un límite convenido con los Estados Unidos” (Uribe Vargas, 2001:93). El 20 de agosto de 1924 se firmó el tratado Vélez-Victoria entre el Ministro de Relaciones Exteriores colombiano Jorge Vélez y el plenipotenciario de Panamá en Colombia don Nicolás Victoria. Se establecieron los límites fronterizos y las obligaciones pecuniarias entre ambos países.  (Rivas, 1961. p. 663).
Colombia-Nicaragua
Controversia sobre derechos territoriales desde el siglo XIX. Tratado solemne Esguerra-Bárcenas del 24 de marzo de 1928. Su elaboración duró cerca de doce años, después de varios proyectos enviados por Nicaragua, Colombia envío uno que avaló Nicaragua y modificó haciéndole límites al archipiélago de San Andrés mediante el meridiano 82 de Greenwich.
Firmado por Manuel Esguerra, embajador de Colombia en las repúblicas de Centro América, y, el viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, José Bárcenas Meneses. El tratado plantea un doble reconocimiento: Colombia reconoce la soberanía de Nicaragua sobre la costa de Mosquitos y sobre las islas Mangle grande y Mangle chico; Nicaragua a su vez reconoce la posesión y soberanía de Colombia del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, con sus islas, cayos e islotes; esto acompañado de una declaración que dice excluir del acuerdo los cayos Roncador, Quitasueños y Serrana por estar en  litigio entre EE.UU y Colombia (Mantilla, 2009:14). El tratado fue ratificado por los congresos de Colombia (por la ley 93 de 1928) y Nicaragua (por el decreto del 6 de marzo de 1930), con esto se procedió al canje de ratificaciones entre diplomáticos plenipotenciarios el 5 de mayo de 1930 (Moyano Bonilla, 1983:154).
Colombia-Cuba
En 1917 aparecieron mensajes de rectificación de noticias desfavorables desde Cuba, a Colombia, acerca de supuestas alianzas del país con Alemania en la Gran Guerra. Colombia, mediante su ministro de relaciones exteriores Ricardo Gutiérrez Lee, manifiesta su lealtad a los Estados Unidos de América. En 1918 vuelven a aparecer las noticias de alianzas colombo-germanas en periódicos de la Habana, como El diario de la Marina, al que se dirige el cónsul general de Colombia en la Habana, don Eduardo Espinosa Guzmán, “…a fin de hacer por su conducto una refutación de absurdos cargos y acusaciones hechos a Colombia en periódicos cubanos, algunos de los cuales llegó hasta a ofender el honor de los colombianos y la dignidad del país, juzgándolos vendidos por dinero a la causa de uno de los beligerantes de la guerra actual…” (República de Colombia, 1918). En el mismo año, también se realizaron notas de intercambio en asuntos concernientes a la medicina y al trabajo científico en Cuba, por ejemplo, la llegada a Cartagena de Ángel García, un médico cubano que desarrolló la cura de la enfermedad de la lepra griega, cuyos resultados negativos de aplicación en el país fueron reportados por el cónsul Gutiérrez Lee.
Colombia-Costa Rica
Las relaciones entre ambas naciones estuvieron ceñidas a la cordialidad y el buen trato. Se acordaron convenciones para el canje de encomiendas postales y reconocimientos de los gobiernos de turno de ambos países.
Colombia- Honduras
Reclamación de Honduras sobre el occidente del cabo Gracias a Dios y de los cayos Roncador y Quitasueño en 1928. Colombia hizo caso omiso a dicho alegato que no trascendió a mayores.
En el período comprendido en esta investigación de registro de acontecimientos no se encontraron conflictos o eventos diplomáticos importantes con Jamaica, Haití, República Dominicana, Venezuela (en la cuenca del Caribe), México, y otros países del mar de las antillas diferentes de los aquí señalados.

Conclusión
En términos generales, la política internacional de Colombia en este periodo de hegemonia conservadora estuvo orientada por buenas relaciones con los países del Caribe, las tensiones o choques de fuerzas desiguales se presentaron cuando la potencia de los Estados Unidos entró en escena en su "patio trasero", toda la cuenca del Caribe, ejerciendo dominio de facto en los plexos político y económico. El rol del Estado colombiano en el mar Caribe fue de sumisión y acatamiento de las maniobras diplomáticas oficiales y tras bambalinas del gigante del norte. El intervencionismo estadounidense con el asunto de Panamá hizo sentir vulnerable a los administradores de un Estado confesional, endeble, sin forma ni identidad nacional acorde con la real diversidad cultural del territorio, y sin disponer de unas fuerzas militares sólidas que controlaran todo el espacio geográfico continental y la plataforma marítima del país. El aislamiento y desarrollo económico en las cordilleras andinas aconteció, sin lugar a dudas, de espaldas al mar.

Bibliografía
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Mantilla, S. (2009). Memorias del foro internacional: Fronteras del Caribe. Cuadernos del Caribe No 12. La disputa colombo-nicaragüense por San Andrés, Providencia y Santa Catalina. (S. Mantilla, Ed.) (1a. ed., p. 174). Bogotá: Imprenta Nacional.
Moyano Bonilla, C. (1983). El archipiélago de San Andrés y Providencia. Estudio histórico jurídico a la luz del derecho internacional (1a. ed., p. 773). Bogotá: Editorial Temis.
Palacios, M., & Safford, F. (2002). Colombia: País fragmentado, sociedad dividida. Su historia. (Á. García, Ed.) (1a. ed., p. 745). Bogotá: Editorial Norma.
Ramírez Ocampo, A. (2000). Balance y retos de la política exterior colombiana hacia el gran caribe: una perspectiva política. En Vicepresidencia de la República. Memoria del foro Las relaciones internacionales de Colombia en el gran Caribe. Balance histórico y retos en el nuevo mil. Bogotá: Imprenta Nacional.
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Rivas, R. (1961). Historia diplomática de Colombia (1810-1934). (1a. ed., pp. 655-699). Bogotá: Imprenta Nacional.
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