lunes, 11 de enero de 2016

La historia de la sexualidad-La voluntad de saber






A modo de introducción Michel Foucault presenta la tesis de historiadores que rotulan la época victoriana, denominada así por el reinado de Victoria I en el imperio británico del siglo XVIII, como período de represión de la sexualidad. Todo indica que la sociedad burguesa optó por “la prohibición, la inexistencia y el mutismo” en cuanto a los placeres de la carne. En teoría “la represión, ha sido, por cierto, el modo fundamental de relación entre poder, saber y sexualidad”,  tesis que pretende refutar el autor. Al parecer los burgueses y proletarios de la Edad clásica estaban más preocupados por el ascetismo racional y la explotación de la fuerza de trabajo que por el sexo y sus verdades concomitantes.  Cabe preguntarse por qué después de la segunda mitad del siglo XX proliferaron los discursos sobre éste y su represión. Los conocedores suelen hablar de “revolución sexual”, de “la contracultura libertina”, de la irreverencia y desafío a la ley y los poderes establecidos, etc., Si Occidente es heredero de la hipocresía de la sociedad burguesa, ¿por qué hoy se habla de sexo con tanta comodidad y sin inhibiciones? Como si la barrera, la frontera del poder represivo hoy en día hubiese sido derrumbada, demolida y derrocada.

La hipótesis de trabajo en su investigación consiste en que la sociedad industrial de la época clásica “no opuso al sexo un rechazo fundamental a reconocerlo”, sino que inventó todo un artefacto de control con el fin de conocerlo, analizarlo, clasificarlo y de allí crear discursos verdaderos. Partiendo de la premisa de que el discurso de lo sexual está traspasado por las relaciones de poder y saber. El objetivo general, partiendo de la evidencia histórica puede resumirse “en mostrar cómo los dispositivos de poder se articulan directamente en el cuerpo-en corporalidades, funciones, procesos fisiológicos, sensaciones, placeres”. Foucault se propone hacer la historia de los cuerpos, donde lo biológico y lo histórico se entrecruzan con ajuste a las tecnologías modernas del poder. 

La metodología procede por el examen de tres elementos con su correspondiente historia y mutaciones. Uso de la técnica del análisis del discurso. La explicación e identificación de “Lo que se habla”, de los actores que emiten y reproducen tales producciones discursivas, de las situaciones de comunicación y puntos de vista de los productores, de las instituciones que incitan, almacenan y difunden tal producción o invención hablada o escrita. Un segundo elemento lo constituyen las técnicas polimorfas del poder, definidas éstas como los canales de comunicación, las formas, los caminos  entre las estrategias globales de poder y los focos-locales de poder-saber (que funcionan de anclaje a aquéllas), entre estos dos existe un entramado de relaciones entre puntos, en modo alguno es la relación entre lo macro y lo micro, ni menos de la homogeneidad (por ej. De la proyección aumentada de la familia en la sociedad, o del modelo a escala de la sociedad en la familia). Por último, la instauración de un saber legítimo sobre el asunto. La invención de una voluntad de saber: ¿Cuáles fueron los procedimientos históricos para producir la verdad del objeto de estudio?, ¿Qué registros de saber la constituyeron?, ¿qué mecanismos positivos de producción la instituyeron?

Cuestionar “la hipótesis represiva” constituye el primer momento de dirección en el texto. Interrogarla con tres preguntas (una histórica, otra teórica-histórica y la última histórico-política): “¿La represión del sexo es en verdad una evidencia histórica?...La mecánica del poder, y en particular la que está en juego en una sociedad como la nuestra, ¿pertenece en lo esencial al orden de la represión?... el discurso crítico que se dirige a la represión, ¿viene a cerrarle el paso a un mecanismo del poder que hasta entonces había funcionado sin discusión o bien forma parte de la misma red histórica de lo que denuncia (y sin duda disfraza) llamándolo "represión"?”.

Lo primero es “la incitación al discurso”. Incitar tiene otros sinónimos: instigar, provocar, tentar. Quiere decir que existe algo de obligatoriedad y requerimiento en la palabra. Sería distinto si dijera “la persuasión al discurso”. Que demostraría más bien sensualismo. Lo que se habla, el hecho discursivo es requerido, casi que exigido desde alguna instancia, por alguien, ¿desde dónde?, ¿quiénes?, ¿por qué?  El tema en el texto es el sexo y la sexualidad. Es decir, hay conminación a hablar de sexo. Hablar de los placeres carnales, de cuerpos, caricias, posturas, tocamientos, lubricidades. No de su prohibición. Ni de su denegación. Menos de su censura.  La solución anticipada del autor radica en la aparición, multiplicación, explosión y proliferación de infinidad de discursos sobre el sexo en el Occidente moderno. Discurso en los dos sentidos: las oraciones vivas y las oraciones muertas (susceptibles de reactivarse). Lo hablado y lo escrito.

La evidencia histórica, el soporte material, del historiador francés es la pastoral católica emitida por la iglesia en el siglo XVII en el concilio de Trento. La edad de la contrarreforma europea. Pastoral que exhortaba a los fieles a confesarse y obedecer el sacramento de la penitencia. Fue instrucción institucional regulada y polimorfa dirigida al conjunto de la sociedad. Dígase imperativo categórico de la institución eclesiástica en todos los países católicos. ¿Y de qué se debía hablar en la confesión? De todos los pecados, pero especialmente de los pecados de la carne. Contarse a sí mismo, y contarle a otro, con detalle minucioso las peripecias de la experiencia propia del acto sexual. Las relaciones extramatrimoniales, el adulterio, el rapto, los actos de sodomía y demás placeres raros eran objeto de condenación moral y castigo legal.

Ahora bien, la dirección de conciencias es denominada como técnica polimorfa del poder, constituye la matriz general de la sexualidad en la civilización occidental. Se confiesan pecados, crímenes, enfermedades, pensamientos, sueños, obsesiones etc., También cuenta con unos efectos de poder sobre el deseo de los sujetos “de dominio, desapego y reconversión espiritual”. Recordemos que la confesión es relación de poder. Relación de fuerzas desequilibradas, asimétricas, inestables o tensas. El dominio está del lado del que escucha, el que habla es el sometido, el que convierte su deseo en discurso. El que oye juzga al hablante, tiene derecho a emitir un veredicto. El cura interpreta, hace de hermeneuta de la narración del creyente. Este procedimiento se aplicó, en principio, a las clases privilegiadas. Los burgueses inventaron las técnicas de su propio “dispositivo de sexualidad”. Las clases populares siguieron sujetas del “dispositivo de alianzas” por mucho tiempo, es decir de “la valoración del matrimonio legítimo y la fecundidad, y exclusión de las uniones consanguíneas” y no fueron partícipes del dispositivo de sexualidad sino hasta mediados del siglo XIX.

Sin embargo, la confesión no fue inventada como mero capricho de unos curitas para averiguar la vida a los feligreses. Por sí sola no sirve para nada. Mejor verla como un instrumento de control y vigilancia que está ensamblado en un equipo de estrategias institucionales que a su vez están conectadas a un mecanismo complejo de poder-saber de un aparato que Foucault designa “dispositivo de sexualidad”. De este modo, otras esferas institucionales del mundo social occidental incitaron al discurso acerca del sexo. La escuela con la arquitectura, el control y la disciplina de los alumnos en los colegios del siglo XVII, y la consecuente invención de un “discurso sobre la sexualidad infantil y adolescente”. El Estado con los controles de natalidad, de higiene y de salud pública, y la intervención en la sexualidad de las parejas. Por último, los registros de saber de la medicina, la psiquiatría y la jurisprudencia intensificaron los poderes de inspección sobre las enfermedades, las perversiones y desviaciones del cuerpo sexuado.

“La implantación perversa” es de los apartados más interesantes del primer volumen de “La historia de la sexualidad”. Sugiere que surgieron dos modificaciones en el “dispositivo de alianza” que hasta ahora venía funcionando en la familia nuclear de la edad clásica. La sexualidad regular de la pareja heterosexual monogámica dejó de ser cuestionada y permaneció en “la norma del silencio”. La voluntad de saber de occidente comenzó a interrogar las sexualidades irregulares, periféricas, dispares, no sometidas a la economía “normal” de la reproducción. Las hizo hablar. Se interrogó “la sexualidad de los niños, los locos y los criminales”, sostiene Foucault.  La medicina entró a aislar, clasificar, analizar y les inventó toda una patología orgánica. Les concedió existencia, nombre y etiqueta a todas esas formas anexas del placer, esas “perversiones”. Les dio “realidad analítica, visible y permanente”. Las ordenó en especies y sub-especies, como en un herbario de colección, y las hizo inteligibles. Por ej. Antes, en la Edad Media y la sociedad cortesana, solo se usaba la palabra “sodomita” para describir al sujeto jurídico que violaba la ley y la moral por sus placeres extraños, después las categorías de homosexual, fetichista o hermafrodita fueron inventadas en la sociedad burguesa para describir un tipo de patología, conducta y ser “diferente”.

En este orden de ideas, se infiere que solo se ejerce poder sobre lo que se conoce. Es imposible ejercer algún tipo de fuerza o control sobre lo que se desconoce o ignora. El saber médico “hunde ésta patología en los cuerpos, en las conductas, las incorpora al individuo”. Son cuatro las tácticas del mecanismo de biopoder, el control sobre los cuerpos y las poblaciones, que toman a cargo la sexualidad y sus “desviaciones”. 1. Montaje de líneas de penetración indefinidas. Disposición de dispositivos de vigilancia, de contención de la sexualidad con “discursos inagotables y correctivos”  2. Incorporación de las perversiones y una nueva especificación. Inclusión y descripción de los perversos en los objetos de estudio de los registros del saber. 3. Espirales perpetuas del poder y del placer. Proximidad, exámenes y observaciones (el examen médico, la investigación psiquiátrica, el informe pedagógico y los controles pedagógicos) se usan como medios o instrumentos, son tecnología de la salud y lo patológico, para conocer las rarezas del sexo. Metáfora “El poder abraza con fuerza al cuerpo sexual”. “Sensualización del poder y beneficio del placer”. Existe un juego recíproco entre poder y placer. También produce placer confesar, hablar de sexo, contar las hazañas sexuales propias con intensidad y veracidad. 4. Dispositivos de saturación sexual. Lugares o espacios de entramados de poder “saturados de sexualidades múltiples, fragmentarias y móviles”.

Foucault clasifica las sexualidades múltiples por edad (del infante, el adolescente, el adulto), por gusto o prácticas (del gay, la lesbiana, el fetichista, el sadomasoquista etc.,), por determinadas relaciones (medico-paciente, maestro-alumno, psiquiatra-loco), por lugares o espacios (sexualidad del hogar, de la escuela, de la cárcel). Explicando que la sociedad burguesa es perversa, que sus mecanismos de poder no giran alrededor de un centro, que no obedecen exclusivamente a la ley y la soberanía, que el puritanismo victoriano aplica para las restricciones de las pautas sociales de comportamiento, la decencia, la cortesía y los códigos del sistema de la lengua, en cambio no para la diversidad de sexualidades móviles y diseminadas desde finales del siglo XVIII.

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