sábado, 4 de julio de 2015

Reflexiones breves de hermenéutica y estética contemporánea






Desde hace un buen tiempo he querido organizar mis notas y cuadernos en lo que atañe al concepto de arte y la filosofía del arte, la estética. Desde la hermenéutica continental europea inaugurada por Heidegger y el pensamiento analítico insular heredado de Wittgenstein, son innumerables las escuelas y tendencias que han pensado las diversas manifestaciones artísticas contemporáneas. En esta columna haré un breve ejercicio de interpretación respecto al asunto.

Debo recordar que la hermenéutica se originó en la Edad Media.  La teología, la jurisprudencia y la filología fueron las primeras disciplinas que la usaron como técnica de comprensión del sentido de los textos antiguos y sagrados.  Luego vino la hermenéutica moderna, quien tuvo como su principal representante a Schleiermacher, teólogo que buscaba el sentido oculto y misterioso de los textos, bastante influenciado por el romanticismo alemán y el pensamiento dieciochesco que enarbolaba la empatía entre el genio de la obra y su lector. La escuela historicista de Dilthey convirtió la hermenéutica un método aplicado a las ciencias histórico-sociales, un método psicologista que suponía que el lector de historiografía interpretaba de igual modo los textos que un lector de novelas románticas.

Iniciado el siglo XX, Martin Heidegger piensa la comprensión, no como técnica ni método, sino más bien como modo de estar-ahí del sujeto o del Dasein. Es condición de existencia comprender el mundo, a los otros y comprenderse a sí mismo. Heidegger, igual que Nietzsche, rompe con la tradición ontológica occidental del ego cartesiano moderno. Ambos buscan modos de interpretación alternos, incluso abandonando el humanismo del movimiento de la ilustración. El superhombre nietzscheano y el Dasein heideggeriano echado al mundo, que está en caída, son dos propuestas de sujeto que han tenido enorme influencia en los pensadores de la “posmodernidad”.

Hans Gadamer, quien en palabras de Habermas “urbanizó la provincia heideggeriana”, desarrolla el concepto de comprensión e instaura en definitiva la hermenéutica como filosofía y modo de ser en el mundo, y despliega las determinaciones de lenguaje e historia del ser- ahí construyendo una hermenéutica contemporánea, sin inscribirse en el posmodernismo. Varios críticos han argüido que el alumno soslaya algunos temas ontológicos tan fundamentales como “el olvido del ser” o “el problema del humanismo”, trabajados por su maestro. Sin embargo, la hermenéutica gadameriana es robusta y sólida al abordar la estética, la historiografía y las ciencias del lenguaje desde una perspectiva filosófica o especulativa.

En su obra “Verdad y método”, Gadamer inicia con una crítica brutal a la estética moderna abierta por “La crítica del juicio” de Kant. La estética del gusto, el genio y la vivencia, la conciencia estética moderna, acaba siendo neutralizada por la estética del juego, como modo de ser inherente a la obra de arte. Por supuesto, no superada.  Las teorías o interpretaciones en la época contemporánea no buscan síntesis hacia una única verdad última, como sugeriría un hegeliano, sino que se neutralizan, oponen y anulan unas a otras.

El pensar filosófico no consiste en producir definiciones enciclopédicas hasta el infinito, no obstante, nunca está de más aclarar los conceptos (inexistentes) y los fenómenos (existentes)


¿Qué es el arte?

Primero, es un modo que el ser humano ha inventado para auto-comprenderse a sí mismo. Actúa como espejo que lo refleja y le revela cuestiones de su propia constitución. Significa percibir y comprender lo otro para comprenderse a sí mismo. Segundo, es una experiencia especial de conocimiento, diferente del conocimiento de la naturaleza, del moral, religioso etc.,

Gadamer dirá “el arte es conocimiento: es la obra de un espíritu que se colecciona y se recoge históricamente a sí mismo”


¿Qué es la obra de arte?

Su modo de ser es el juego, la esencia de este es el vaivén, el mero movimiento natural sin objetivo, el impulso espontáneo a la repetición. La obra está estructurada, hay iniciativas y contra-iniciativas entre el espectador y la creación. Existe la demarcación de un espacio, unos límites dentro del que operan los jugadores. El modo de ser del juego es la representación. Los jugadores tienen roles, papeles, actores. Las obras personajes. Existen el juego abierto, en el teatro o drama donde los jugadores ejecutan su papel al espectador, y el juego cerrado, donde el espectador participa activamente de la acción, por ejemplo en el drama cultual o el ritual religioso. La obra artística constituida es mediación, las barreras entre obra y representación se borran, en la experiencia de participación  del espectador, este se olvida de sí mismo, “está fuera de sí”, no hace sino que padece la contemplación, se entrega del todo al juego del arte.

La interpretación sociológica y analítica más plana, la de Wittgenstein, es la de considerar la obra de arte un mero objeto material elevado a la categoría artística por un grupo de especialistas, críticos, teóricos y periodistas. El arte es el que se exhibe en los museos, galerías y casas de cultura, el que tiene un aval y valor institucional.

Danto dirá que el objeto artístico se constituye fenomenológicamente, primero es menester señalar las identificaciones artísticas, sus características estructurales y demarcaciones, luego opera un ejercicio de interpretación, explicar con teorías la obra misma, entrelazada en su propio sistema de obras, junto con sus homólogos materiales, determinada por la identidad histórica que la constituye. La obra está enraizada en un tiempo y lugar. Y sería absurdo insinuar que puede haber objetos (homólogos materiales) en cualquier época en la que era técnicamente posible que se crearan.

0 comentarios:

Publicar un comentario