domingo, 5 de abril de 2015

Tentativa de respuesta a la pregunta: ¿Qué es la modernidad?





En el argot popular colombiano lo moderno suele relacionarse con lo nuevo que ofrece el mercado. Las mercancías de última tecnología: los televisores, los computadores, las tablet, los teléfonos celulares etc., Lo moderno también se asocia con la mocedad y el buen vestir. En tener plata, billete, capital y cambiar los bienes materiales que producen satisfacción personal. Igualmente en querer lucir y comportarse jovial, alegre, dichoso, dicharachero. La publicidad mediática vende felicidad, belleza, juventud, mejor vivir. Todos los valores ligados al placer pulsional son pautados para que el consumidor, que dispone de los medios económicos, goce sin límites, sin regulación, sin barreras normativas de ninguna clase.

En la academia la respuesta a menudo tiene que ver con un período histórico o época fijada en un calendario dentro de la historia europea. Acontecimientos y sucesos tan relevantes como la revolución científico-técnica, la reforma protestante y la contrarreforma, el movimiento intelectual y político de la ilustración, la revolución francesa, la constitución de los Estados nacionales y de los grandes aparatos burocráticos modernos, la revolución industrial, el romanticismo, el modernismo y las vanguardias en las artes, la expansión del capitalismo comercial e internacional etc.,  

Pero, ¿qué caracteriza a este periodo tan fundamental en la historia? Sin duda está después de la ‘Pre-modernidad” y antes de “La Pos-modernidad”. Ser moderno significa negar una tradición en particular, no las tradiciones en su totalidad. Los ilustrados europeos criticaron la tradición de la autoridad judeo-cristiana, pensando que iban a hacer tabula rasa y así poder cortar cualquier cordón umbilical con el pasado. Echaron por la borda la tradición entera, escudándose en el uso por y de la facultad universal de la “Razón”. La novedad en y de la modernidad consiste en ser negación del pasado y ser afirmación de algo distinto. Lo nuevo implica el cambio y el asombro. Lo que Octavio Paz denominó Pasión crítica. El principio de lo moderno: negar todos los principios, el perpetuo cambio.

El tiempo moderno no es el tiempo cósmico, circular y cíclico de las antiguas civilizaciones de oriente, del mediterráneo y americanas. Tampoco es el tiempo después de los tiempos del cristianismo, el eterno presente del paraíso que se opone al tiempo finito, personal e irreversible del hombre en la superficie de la tierra. La aceleración del tiempo histórico en la vida moderna, de la simultaneidad del cambio, de la sucesión y las convulsiones, del trajín y el ajetreo en las ciudades, borra las distinciones entre el pasado y el presente. Lo de ayer ya es obsoleto hoy.  Las mercancías y las personas pasan de moda o se vuelven inservibles y desechables de un día para otro. Lo que importa es  “lo que será”, “lo que llegará a ser”,  la proyección de un “porvenir”. Lo de hoy siempre es imperfecto y se mejorará mañana. El futuro es la temporalidad en la que se basan las sociedades modernas.

Rechazar, o abrazar, ciegamente la modernidad ha conducido al leitmotiv de considerarla la edad de “las máquinas” y ver en los humanos meras reproducciones mecánicas de éstas, masa de  robots funcionales que hablan y hacen al pie de la letra lo que el mercado y los gobernantes les dictan. Esta es la presentación de Marshall Berman con el fin de realizar un ejercicio interpretativo de la historia de la modernidad a partir de las obras de escritores, poetas y pensadores sociales en “Todo lo sólido se desvanece en el aire”. Ser moderno exige el pensamiento y la evaluación crítica de la actualidad. Como buen marxista, observa lo moderno como la dialéctica entre modernismo y modernización. 

La tragedia del desarrollo de los hombres y mujeres modernas requiere cierta sensibilidad fáustica. La autodestrucción creadora del Fausto de Goethe representa la acción del hombre moderno. Lo valioso no es el fin o el resultado, sino el proceso, estar moviéndose, actuar, estar en actividad, trabajar para comprarse alimentos, cosas y lujos hechos para el consumo. El moderno sueña el futuro, acelera el presente, anhela acumular capital, riqueza material, concentrarla en pocas manos, destruir la naturaleza y el mundo cerrado pre-moderno, y todo lo que tenga relación con él, para abrirse a la modernización de un mundo abierto al libre mercado y a las tecnologías de la información y la comunicación.

Michel Foucault, en cambio, prefiere definir la modernidad como una actitud, un ethos, “un modo de relación con respecto a la actualidad, una elección voluntaria efectuada por algunos, así como una manera de obrar y de conducirse” más que como una etapa de la historia humana. Apuntalado en Baudelaire, le da algunas características a esta actitud moderna: “La voluntad de heroizar el momento presente”, de actualizar el “ahora”; del “juego de la libertad individual con lo real”, transfigurándolo; y “la modernidad no libera al hombre en su ser propio, le obliga a la tarea de elaborarse a sí mismo”. No se trata de buscar la verdad en el fondo o interior de uno mismo, sino en un ascetismo personal de hacerse y rehacerse permanentemente. Se me antoja que estos rasgos pueden  inscribirse en el eje del poder: de acción sobre los otros; el eje del saber: dominio de los objetos;  y el eje de la ética, de relación consigo mismo.  Respectivamente.

Foucault interpreta el texto de Kant Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración? como el intento de un filósofo de plantear la cuestión de un modo enteramente moderno. Kant practicó y asumió un ethos moderno por relacionar la significación de su obra con el momento particular en el que escribía y por el que escribía. Hay que recordar que dicho texto fue publicado por un periódico que tenía gran repercusión en la época, y anticipa lo que Kant elaboraría en sus críticas: de “la razón pura”, “la razón práctica” y “del juicio”.

El filósofo francés no cede ante lo que él llama “el chantaje” de la Ilustración. Ni a favor ni en contra. En tanto historiador establece que vale más la investigación de este conjunto de acontecimientos y procesos complejos en las sociedades europeas, que tomar posición, de adhesión o rechazo, por el racionalismo en boga durante dicho movimiento. Igualmente señala que no hay que confundir la constelación de dichos fenómenos que comprenden La ilustración con el conjunto de temas que comprende El Humanismo, así recomienda no mezclar “churras con merinas”. 

De este modo la modernidad es un vasto conjunto de series de acontecimientos que se enlazan en continuidades y discontinuidades, regularidades y rupturas, de cambios y revoluciones, que engloba un ethos particular con el cual el sujeto se relaciona con las cosas, los otros y consigo mismo.


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