viernes, 28 de noviembre de 2014

La mítica realidad de “Mito” II: Jorge Gaitán Durán





QUIERO APENAS
Presto cesó la nieve, como música.
Pájaros y verdes cruzan por el frío.
Vas a morir, me dicen. Tu enfermedad
Es incurable. Sólo puede salvarte
El milagro que niegas.
Más quiero apenas
Arder como un sol rojo en tu cuerpo blanco [1]




Bogotá, las seis de la tarde, miércoles 26 de 2014. Afuera llueve y diez o quince personas esperamos, en el auditorio Aurelio Arturo, que una mujer comience a hablar. Piel arrugada y blanca. Cara alargada y ojos hundidos. Dorados cabellos tinturados. Anciana. Movimientos de mujer inteligente: agilidad en brazos y manos. Dueña de sí misma. Yo pienso que en otro tiempo fue bella y elegante. Portaba un traje negro que le otorgaba un toque sombrío. Un poco sorda, pero con cierta voz cálida, de las que esconden vivencias de antaño. Así es Dina Moscovici, la brasileña viuda del poeta colombiano Jorge Gaitán Durán (fallecido en un accidente aéreo hace 50 años). Invitada especial a la última sesión de conferencias del homenaje Mitoo el resplandor de las Ideas. A pesar de la edad, todavía puede hilar un discurso coherente en otras lenguas. Inició su discurso, haciendo énfasis en que su biografía estaba íntimamente ligada a la de su marido. Relató cómo este tuvo que huir del país por la violencia política de la década del 50 del XX y cómo ambos llegaron a conocerse en París. Las amistades que trabaron allí y las influencias que recibió Gaitán Durán del existencialismo francés, la incipiente Nouveau roman y el teatro del absurdo de la postguerra.

Otros datos. El poeta cucuteño fue un trabajador incansable, por lo menos escribía dos horas diarias en su máquina de escribir. Hacía, deshacía, borraba, revisaba escrupulosamente un poema, un ensayo o cualquier creación de su autoría. Le gustaba ser perfeccionista. No atendía a la inspiración sino al trabajo simbólico o intelectual. Mas sin embargo al dedicar obras cuya temática explora la ética del cuerpo erótico, la sensorialidad, la utopía del cuerpo y las palabras, había un campo de inspiración vital que venía de las relaciones amorosas que había sostenido con varias mujeres. Dina nos contó chismes como que el tipo era un mujeriego y varias de sus amantes, después de muerto, acudieron a ella para contarle anécdotas de amoríos clandestinos, que por cierto, no fueron pocos, con la pretensión de que se publicaran o divulgaran en algún medio.

Es posible que el erotismo poético de Gaitán Durán, inspirado en la obra de Sade o “el divino Marqués”, quisiera liberar al hombre de su culpabilidad y el miedo frente al uso y el goce del cuerpo, liberar al eros de todo peso moral y dogmático, en un país todavía muy católico. Vale recordar que el primer número de Mito (abril de 1955) fue multado por el gobierno de Rojas Pinilla (1953-1957) por el valor de 2.000 pesos. Al incluir “Diálogo entre un sacerdote y un moribundo” de Sade, fue considerado profano y que atentaba contra el sentimiento religioso de la nación de entonces. En contradicción con esto, la época de la Violencia bipartidista de los 50 y 60, estimulaba la imaginación de escritores y artistas en recrear los cuerpos mutilados, desmembrados, heridos, la barbarie y el hedor, la carroña y la descomposición de la materia orgánica humana. Existía la necesidad de buscar nuevas palabras para asignárselas a tales cosas y a dichos sucesos.

El proyecto editorial de Gaitán Durán y compañía (Valencia Goelkel, Charry Lara, Cote Lamus, Rojas Herazo), desde el comienzo decidió romper con la tradición, pero no con toda la tradición, ya que esto es imposible, decidió romper con cierta tradición literaria cristiana de recato y decoro. Indudablemente la tradición literaria modernista hispanoamericana tuvo un fuerte impacto en Mito. Así como los poetas de la generación del 27 y todo el experimentalismo y las post-vanguardias de posguerra. Indudablemente se ha mitificado la revista debido a comentarios de los jóvenes escritores que publicaron allí y que luego hicieron parte del boom latinoamericano: Gabo y Mutis. Sobre todo Gabo quien dijo que “Todo había comenzado en Mito”. Sin duda hablar de modernidad literaria en Colombia implica abordar el concepto de modernidad cultural. ¿Realmente había un sujeto moderno en tales años? ¿Acaso la modernidad no estaba circunscrita a pequeños centros urbanos, todavía muy parroquiales en cuestión cultural y material? El pensamiento de escritores y poetas fluía entre las aguas de la tradición española, las tradiciones locales, la modernidad y la posmodernidad occidentales, había rasgos de todo y para todo: esto era Mito.


Hay que establecer la diferencia conceptual de que el desarrollo de las potencialidades del sujeto moderno (la apropiación de su naturaleza mediante la ciencia y la razón) y el desarrollo de las fuerzas y las relaciones sociales de producción (la apropiación material de la naturaleza), son dos caras de la modernidad en permanente contradicción. Para la época de Mito, en el país ni siquiera había una modernización material importante, hasta ahora empezaban los grandes edificios, la infraestructura vial de corte gringo, la apertura a los mercados globales etc., A su vez, la posmodernidad ya hacía su aparición en el lenguaje. La poesía y la novela de Mito ya no buscaban la representación exacta de la realidad, sino combinar y ver el lenguaje como un juego de signos, donde el uso en un contexto vale más que el reflejo fiel del mundo real.





[1] Gaitán Durán, J. AMANTES y SI MAÑANA DESPIERTO. (2004) (1a. ed.). Bogotá: Universidad Externado de Colombia: Facultad de comunicación social y periodismo.

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