miércoles, 29 de octubre de 2014

La mítica realidad de “Mito”






Por estos días en Bogotá la biblioteca nacional de Colombia presenta la conmemoración institucional “Mito o el resplandor de las ideas”, homenaje al grupo intelectual de poetas, escritores y críticos, conformado alrededor de la revista cultural: Mito, en las décadas cincuenta y sesenta, en el denominado periodo del frente nacional. 

El hall de la biblioteca se integra con los contenidos de la exposición: las carátulas del título de la revista están ubicadas en el piso,  dentro de los muros de la biblioteca hasta el techo están destacadas frases y reflexiones breves de los homenajeados. Esto junto con un ciclo de conversaciones en las diferentes temáticas de Mito: La poesía, la crítica estética y cinematográfica, y las reflexiones filosóficas, políticas, sociológicas sobre la realidad nacional de la época.

Dirigida por Jorge Gaitán Durán y Hernando Valencia Goelkel, y con colaboradores frecuentes como: Fernando Charry Lara, Eduardo Cote Lamus, Pedro Gómez Valderrama, Jorge Eliecer Ruiz, Rogelio Echavarría, Carlos Obregón y Héctor Rojas Herazo, significó un caldo de cultivo de vanguardia en el plano artístico, literario y crítico. Ocho volúmenes y cuarentaidós números bastaron para consolidar la revista como una de las producciones más destacadas en calidad literaria, profesionalismo y comprensión de la realidad nacional, y con el tiempo, valor cultural a nivel nacional e internacional. El diseño de la revista seguía la inspiración tipográfica de las revistas parisinas en letras rojas y negras sobre fondo blanco que definían a la Nouvelle Revue Francaise y sobre todo a Les Temps Moderns, la revista de Jean Paul Sartre.

Gaitán Durán venía de una familia adinerada, había estudiado y viajado por el mundo, asimismo tenía los medios económicos para mantener la publicación bimestral de Mito.  Además contaba con un capital social importante que le daba una legitimidad simbólica en el campo literario. Nombres esenciales asociados o publicados en la revista: Álvaro Cepeda Samudio, Hernando Téllez, Jean Paul Sartre, Carlos Fuentes, Álvaro Mutis, Nicolás Gómez Dávila, Ramón de Zubiría, Eduardo Caballero Calderón, Eduardo Carranza, Darío Mesa, Andrés Holguín, Eduardo Zalamea Borda, Álvaro Castaño Castillo, Gloria Valencia de Castaño y Gabriel García Márquez.

A nivel de Hispanoamérica el comité editorial de la revista contaba con el respaldo de los mexicanos: Octavio Paz, Carlos Villa Urrutia y Alfonso Reyes; el español Vicente Aleixandre; el brasileño Carlos Drummond de Andrade y el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón.

También funcionó como medio de divulgación cultural de jóvenes pintores como Enrique Grau, Cecilia Porras, Alejandro Obregón, Eduardo Ramírez Villamizar y Guillermo Wiedemann

Es larga la tradición de revistas culturales en Colombia, la crítica literaria y la historiografía en literatura suelen clasificar los conjuntos o grupos de intelectuales dentro de Generaciones literarias, tanto así que, por ejemplo para la primera mitad del siglo XX, se habla en orden cronológico de La Gruta Simbólica, El centenario, Los nuevos, Piedra y cielo, Los cuadernícolas y el movimiento de Mito, éste vendría siendo el puente entre lo tradicional y las vanguardias nacionales en literatura y poesía.

Dos funciones de la revista cultural: promover una idea cultural, de civilización, que encierra el orden republicano, el desarrollo económico y el valor espiritual de una nación; y dar oportunidades a los escritores para que acaparen consumidores de sus bienes culturales.

Según Jorge Orlando Melo, historiador colombiano, las revistas culturales colombianas en el siglo XX están clasificadas en tres tipos (Melo 2008): La revista creada y sostenida por un grupo de intelectuales, entre quienes hay uno más o menos rico, que saca plata de sus ingresos para mantener en pie la revista. La que es sostenida por un editor, quien recorre oficinas públicas, mecenas, amigos y editores para reunir los fondos necesarios con los que publicará su órgano de difusión. Y La revista institucional: proyectos oficiales o universitarios, que en realidad no han tenido mucha trascendencia en el público por el lenguaje seudocientífico y especializado que utilizan. Faltaría añadir, hoy, en la era de la información, la proliferación de revistas electrónicas, que hacen más fácil la difusión, el acceso y la financiación de proyectos culturales de ésta índole.

Estimulando la imaginación sociológica, cabe dejar flotando interrogantes como: ¿Quiénes eran los integrantes de Mito? ¿Qué familias convergieron en dicho proyecto? ¿Cómo contribuyó Mito a la configuración y consolidación de un sub-campo literario colombiano relativamente autónomo y un campo literario y artístico amplio en América Latina? ¿Qué tipo de tensiones se establecieron entre los productores heterónomos (quienes poseían capitales económicos y políticos importantes) y los productores autónomos (los desinteresados del campo de poder, “los que no se vendieron”), dentro del grupo de intelectuales? ¿Cuál fue la competencia por la legitimidad literaria y artística? ¿Quiénes terminaron siendo mayormente reconocidos y quienes no, por un público nacional e internacional? ¿Cuál fue el público, los consumidores de bienes simbólicos, a que se dirigía la revista? ¿Cómo fueron determinadas las posiciones en el grupo? ¿Qué tan determinantes fueron el origen social (la identidad de clase, de género, profesional) y las disposiciones relativas en las relaciones de todos estos sujetos?

 2da columna-Noviembre de 2014







(Muy pronto la segunda columna de opinión correspondiente al mes de noviembre. Espérenla con ansias locas ;) )

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