sábado, 28 de diciembre de 2013

¿Qué clase de ave eres tú que no puedes volar?







Es conocido que la fábula usa con frecuencia animales para transmitir una moraleja, una idea referida al “Deber ser” de los seres humanos. Es algo descabellado que únicamente ocurre en las obras literarias.  En efecto, en la naturaleza el animal es un sujeto cognoscente, que se representa el mundo intuitivamente, cuenta con la facultad del entendimiento que hace posible el conocimiento.  Sin embargo, el ser humano cuenta con la capacidad de la razón que reflexiona. El mundo captado por la intuición es reflejado en la conciencia. El fin útil de la fábula siempre será dejar un ideal del “bien”. En la creación seleccionada es: “No matarás animales”

Si utilizamos la teoría estética de Schopenhauer diríamos que todos los animales están al servicio de una y la misma Voluntad, esto es, la fuerza natural que empuja el mundo, fuera de todo tiempo y espacio; los únicos que podríamos sustraernos a ésta servidumbre seríamos los homo-sapiens a través de la complacencia estética en la obra de arte. Siendo así, la Voluntad, el querer inmenso de la naturaleza, no se manifestaría directamente en los fenómenos naturales (la cosa singular sometida al tiempo, el espacio, la causalidad y la motivación) sino que contaría con un intermediario, esto es, las ideas o los niveles de objetivación de la voluntad. Poniéndolo fácil, las ideas son las formas eternas de una escalera evolutiva, desde los niveles más inferiores, las fuerzas de la naturaleza inorgánica (gravedad, solidez, fluidez, magnetismo etc.,), pasando por los caracteres en la morfología de las plantas, llegando a la diversidad variopinta de las especies animales, y finalmente al grado más superior objetivado en el carácter inescrutable o personalidad de cada individuo de nuestra especie.  Estas ideas son las que intenta conocer el puro sujeto  del conocer avolitivo al elevarse de su individualidad y perderse en el objeto de contemplación.

Contrario a lo anterior, la música no es reproducción de las ideas, más bien es equiparable a éstas, es una expresión inmediata de la Voluntad; así las artes plásticas y la poesía hablan de sombras, necesitan de la mediación de ideas, el objeto de la complacencia estética, mientras que aquélla habla de la esencia del mundo, la cosa en sí, la unidad de la potencia en la naturaleza. Las tonalidades más bajas de la armonía representan los niveles inferiores de gradación de la voluntad y las notas de la melodía los más altos; tal como se presenta en la fábula orquestada por Prokófiev, Pedro y el Lobo, allí los animales son acreedores del lenguaje hablado y cada uno es un personaje que tiene un correlato objetivo en un instrumento musical.

Un instrumento representa a cada animal y a cada persona:

La flauta: un bello pajarito, amigo de Pedro. Alegre y muy listo. Con excesiva confianza en sí mismo; el Oboe: el pato, cobarde, contoneándose y dándose un chapuzón en la charca de un estanque; el clarinete: el gato, es simpático y poco inteligente. Hambriento. Cauteloso;  trompas: el lobo gris del bosque. Furioso y ávido de comer; el fagot: el abuelo, cree incapaz a su nieto de cazar lobos… Refunfuñón; las cuerdas (violín, viola, violonchelo y contrabajo): Pedro, el pequeño cazador aventurero y valiente;  los timbales y el bombo: la fuerza de los disparos de los cazadores.

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