martes, 29 de octubre de 2013

"La vida de los otros"





Mientras ayer en la tarde caía una lluvia torrencial en algunas zonas de Bogotá (mientras se desplomaban los techos de la universidad nacional de Colombia), me decidí en ver cierta película que tenía en espera hacía un buen tiempo.  Una película alemana del 2006, traducida “La vida de los otros”, premiada y galardonada en múltiples festivales. Es de aquellas cintas que tocan el alma de un tipo de espectador. ¿Cuál tipo de espectador? Pues, alguno que disfrute una obra dilatada que va tensionándose hasta llegar a un paroxismo angustioso y al final conmovedor. Es evidente que la civilización occidental actual se desarrolla eliminando y haciendo indistinguibles los límites entre lo público y lo privado.  Es perogrullada decir que nuestra vida privada ahora es pública, no solamente para los gobiernos que intentan vigilar y controlar nuestras conciencias sino también para la opinión pública y los medios de comunicación quienes hurgan y se regodean metiendo el dedo en la intimidad de las personas. Hacen héroes individuos anónimos y acaban con la vida de famosos y gente del espectáculo. Buscan devorar la vida ajena como condición de posibilidad de una publicidad rentable.

Pues bien, el espionaje del gobierno de RDA (República Democrática Alemana) al que se ve sometido el personaje Georg Dreyman en la película de ficción podría convertirse en analogía de lo que pasa hoy en día en la realidad del mundo, con los escándalos de espionaje estadounidense recientemente enunciados en prensa y medios. En Berlín Oriental, una república de corte socialista, se sitúan los hechos, la policía secreta de la RDA decide poner escuchas en la casa de un poeta. La vida entera de Georg Dreyman, sus amistades, sus conversaciones más personales con su esposa y amigos más cercanos, pueden ser ahora escuchadas por el Capitán Gerd Wiesler, un personaje solitario aparentemente rígido y duro que se va emblandeciendo a lo largo del film. El capitán paga a prostitutas tetonas a que lo atiendan como es debido. Empero, el sentimiento de soledad que exhala el militar y que lo invade contrasta con la vida social y sexualmente activa del poeta. Nuestro capitán no se atreve a denunciar los descubrimientos que ha hecho acerca de los planes y proyecciones de sentido del poeta, que van en contra del gobierno de la RDA, porque la vida de Georg Dreyman se ha convertido en el único motivo de su estar-ahí, de su existir.  

Es posible establecer una analogía con un abuelo y su nieto que se aman. El viejo, que está más cercano a la muerte, absorbe la vida del niño. El niño a su vez aprende de la experiencia del viejo. El patetismo de la relación entre el capitán y el poeta es que los dos se desconocen en persona. La voz del poeta es el único medio que tiene el capitán para entrar a la vida de aquél.  Para inmiscuirse y husmear en la vida privada del otro, saciarse el apetito, colmar la sed de información íntima e hincarle los dientes y absorber la jugosa sangre del secreto.  La desocultación de la verdad del mundo vital de Dreyman por el capitán, es una profanación del espacio privado y un ataque a la confianza depositada a los administradores del Estado.

La esposa del poeta termina traicionándolo y contando a la policía secreta el lugar de ubicación de la máquina de escribir que vincularía a Dreyman con los artículos sobre el tema del suicidio, publicados en el extranjero. Es curioso y revelador que el mismo Capitán Wiesler, quien conocía a cabalidad los planes y la obra que adelantaban Dreyman y sus amigos a escondidas, decidiera callar. Mantenerse en silencio, verse coaccionado por sus propias disposiciones afectivas hacia la vida del poeta.  Recordemos que son tres los acontecimientos del discurso: hablar, escuchar y callar. El silencio es un acontecer del diálogo. Un silencio puede ser incómodo, tranquilizador, oportuno, puede provocar atención hacia algo o alguien o hacia sí mismo. También puede manifestarse en calidad de símbolo de represión. Un silencio puede significar muchas cosas, la ausencia de palabras le da sentido al silencio… En la película, el silencio del Capitán Wiesler le salvó la vida al poeta Dreyman. No sin antes ocurrir una muerte. El suicidio de la joven actriz de teatro, esposa del poeta, adicta a ciertos medicamentos ilegales, configura la escena más trágica en la película. Es paradójico que el suicidio termine por sellar una investigación contra alguien que adelantaba un proyecto secreto contra el mismo suicidio en la RDA.


Deli la peli y conmovedor y tierno el final. n_n

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