sábado, 26 de octubre de 2013

La mesa de conversaciones en la Habana y la incapacidad para el diálogo en el país Chibcha






Navegando y navegando por la web me han salido al encuentro noticias del proceso de paz. Que las FARC ponen 99 condiciones ¡Secuestran y matan y salen exigentes los guerrilleritos estos! Que el fuero militar perjudicará los intereses de militares que están participando en el proceso. Está por verse. Que el tema de la participación política presenta posiciones irreconciliables e históricas entre el Estado y la insurgencia. Parcialmente cierto. Que las declaraciones del vejete procurador Ordoñez acerca de la impunidad de los subversivos. Cosa diaria, todos los días este señor se pronuncia con sus opiniones recalcitrantes. En fin, uno y mucho bochinche mediático y político respecto al asunto. Hace unos días inició la decimosexta ronda de conversaciones y ha sido más la algarabía de los medios que, como siempre, distorsionan la información o son bastante parcos en investigación periodística que lo que la gentuza del común alcanzamos a conocer.

La civilización científica actual y su técnica informativa nos llenan de tecnología y nos está arrojando hacia una situación monologal. Basta echar unas cuantas observaciones a las redes sociales más populares, twitter y Facebook, ¿En realidad ocurre un enriquecimiento del lenguaje común como usuario de éstas redes? ¿O será que asistimos a una degradación del lenguaje común como mínima condición del entendimiento mutuo? Es obvio que el entendimiento entre los seres humanos siempre es más difícil cuando carecemos de un lenguaje común. Y cabe cuestionarse también ¿Cuáles son las circunstancias sociales objetivas que pueden atrofiar una lengua? Parece que en Colombia ni siquiera compartiéramos una lengua, un conjunto de signos lingüísticos convencionales, puesto que en modo alguno hemos llegado a un acuerdo acerca de lo fundamental para vivir en comunidad.

Es sabido que la condición del verdadero diálogo es dejarse decir algo del otro. Sin llegar a ser sumiso y dejar que el otro nos atiborre de su verborrea. Donde se anule uno de los dos interlocutores, definitivamente no hay conversación ni diálogo ni nada, como ocurre frecuentemente en la conversación pedagógica. Lo ideal sería que las objeciones y aprobaciones del otro, como los malentendidos y la comprensión del otro sean un estímulo para ampliar la individualidad de uno mismo. Y viceversa. En Colombia nos gusta el tropel y la camorra, o nos damos trompadas o nos agarramos con  ofensas.  Por ejemplo, los representantes del  Estado colombiano y la guerrilla colombiana tienen cada uno una visión de mundo y ambos son y han sido forjadores de mundo. O bueno, también ambos han sido destructores de mundo, ambos han asesinado y cometido crímenes de lesa humanidad en el país y provocado el desplazamiento de poblaciones enteras dentro del territorio. Mientras tratan de ser civilizados pactando en aquel país insular, en unas conversaciones que ya van para un año, en el territorio continental siguen dándose bala y plomo.

Yo, un simple de a pie, supongo que las conversaciones en la Habana se han convertido en acalorados debates interminables sin que una u otra parte dé su brazo a torcer.  Ya Platón decía que era imposible un diálogo con muchos a la vez o en presencia de muchos.  Argüía que los denominados debates en el podio o conversaciones en una mesa semi-redonda son diálogos a medias. Sin embargo, las negociaciones comerciales o políticas se presentan hoy día como una situación de diálogo auténtica. Un tipo de práctica social que permite un intercambio mutuo de intereses, ya sean económicos o políticos. Tal cual dice Gadamer “Para ser capaz de conversar hay que saber escuchar”. Estado y guerrilla tienen intereses que contrastan, el punto es hallar las posibilidades de convergencia. Para mí la sociedad colombiana está realmente  enferma,  padece una afasia o una abulia,  ni siquiera es capaz de confesar su incapacidad de diálogo. Semeja un enfermo mudo que va a un consultorio buscando ayuda por su pérdida del habla. Únicamente en el proceso de diálogo con el analista puede liberarse de esas ideas delirantes y repulsivas que acusan su sistema inconsciente.  El diálogo terapéutico metaforiza los diálogos en la Habana. Espero que el proceso no se convierta en una terapia prolongada ¡Qué terapia pa' que lleguen a un acuerdo de paz estos pendejos!

Los colombianos solemos decir “Con usted no se puede hablar” O “Contigo definitivamente no se puede hablar” O en su defecto: “Ud es más terco que una mula y no hace caso”. Tratamos o de achacarle la culpa al otro la incapacidad de dialogar o de imponer nuestro propio punto de vista por encima del otro.  La incapacidad de dialogar con otro es a la vez incapacidad de uno mismo. Si el otro se niega a las ideas mías, vamos a ver qué hay de mí en las ideas de la otra persona, seamos razonables y busquemos concertar. 


Gadamer, Hans-Georg (1996) Verdad y Método II: Fundamentos hermenéuticos de una verdad filosófica.  Ediciones Sígueme- Salamanca: España


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