sábado, 5 de octubre de 2013

COMENTARIOS Al DOCUMENTAL: “El ABC de la perversión cinematográfica” (2006)










En este documental el filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek nos muestra a través de sus palabras en diferentes filmes de horror, terror y ciencia ficción, conceptos e ideas aplicadas de Freud junto con algunos desarrollos posteriores de Lacan, además de los propios aportes de la voz narradora, en el arte cinematográfico. Al ser sujetos del deseo, el cine es la pantalla de los sueños humanos, allí se realizan nuestros deseos más íntimos, aspiraciones, sentimientos de culpa, miedos, nuestros goces más desinhibidos. Al narrador se le nota su orientación marxista al comenzar describiendo una escena de una joven obrera que se ve embebida mágicamente mientras contempla lo que sucede dentro de un tren (Poseída de Clarence Brown, 1931). El lujo y la suntuosidad de la gente elegante pasajera del tren la dejan embobada y embelesada; ésta escena de apertura recuerda el tipo de películas que solía criticar un Walter Benjamin, por ejemplo. Con esto llega a plantearse la distinción y los límites y demarcaciones entre realidad y ficción.

La forma en que se van presentando una a una las imágenes con su correspondiente interpretación transmite un mensaje, un plus de sentido que permite comprender mejor lo que quiere decir Žižek. La pregunta básica del documental (Partiendo de la saga Matrix) es: ¿Qué contenido de realidad hay en las estructuras simbólicas de ficción que produce el cine? En una primera parte: el complejo de Edipo (Los Pájaros de Hitchcock, 1963); el ello, el yo y el superyó (Psicosis de Hitchcock, 1960); los objetos autónomos parciales que representan la pulsión de muerte, la voz y las partes del cuerpo (El Exorcista de Friedkin, 1973; El Gran Dictador de Chaplin, 1940; el Teléfono Rojo de Kubrick, 1964); el saber de la sexualidad (Terciopelo azul de Lynch, 1986; y La Conversación de Coppola, 1974); la localización de la mirada en el fantasma (La Conversación de Coppola, Psicosis y Vértigo). 

En una segunda parte aborda la configuración de las coordenadas de las fantasías, el registro de lo real o el sistema inconsciente (Solaris de Tarkovsky, 1972); el sujeto tachado, parcial, que ha perdido un objeto, con un agujero en lo real que trata de ser llenado con las diversas fantasías que creamos; la adecuación entre fantasía y realidad en un acto sexual satisfactorio (Vértigo de Hitchcock es la obra clave para develar esto); el papel del registro de lo simbólico, el lenguaje hablado, en la seducción sexual; la feminidad; el goce de la mujer en hablar del acto sexual (Persona de Ingmar Bergman,1966; Lost Highway, 1997; y Mullholland Drive de David Lynch, 2001, le sirven de soporte). Las siguientes dos frases me llamaron particularmente la atención: “El deseo es una herida de la realidad” y “Necesitamos la disculpa de la ficción para escenificar lo que realmente somos”.

En una tercera parte emprende el registro de lo imaginario, la función del padre y su posesión simbólica del falo (Los personajes paternales de David Lynch ilustran muy bien esta parte), la ley en él no solamente es severa sino que se ríe de nosotros (utiliza Iván el Terrible de Eisenstein y los dibujos animados de Disney como ejemplos), ese lado obsceno de la ley; el problema del tiempo y su densidad, que se expresa en la desintegración y descomposición de la realidad (basándose en Stalker de Tarkovsky, 1979). Hacia el final se enfoca hacia el tema del reconocimiento mutuo, en un concepto muy hegeliano del espíritu de reconocerse a sí mismo en el ser otro (Usa la escena final de Luces de la Ciudad de Chaplin, 1931).

Ahora bien, cabe preguntarse si en efecto las obras cinematográficas del cine, el arte más perverso de entre todas las artes, también puede pensarse como un proceso óntico. ¿Será que la imagen cinematográfica no solamente tiene el poder de generar un plus de goce en el sujeto sino que además representa un plus de significado que materializa el creador (director o guionista) respecto a la realidad de lo representado? Siguiendo a Gadamer (1996, pág. 204-206), no todas las formas de representación son arte, así el modo de ser de la imagen es la representación, donde lo representado participa del ser de la imagen; hay por supuesto una referencia a la realidad, pero la imagen invita a quedarse en ella misma, a ahondar en su profundidad, a deleitarnos con sus detalles, coquetea y juega con cada un@ de nosotr@s, a diferencia del signo que remite inmediatamente a su referencia, apunta hacia afuera de él todo el tiempo. También se diferencia del modo de ser del símbolo, en tanto que este es sustitución, el puro estar por otra cosa, apunta a una comunidad, a una entidad inconmesurable, infinita (Por ejemplo, dios, la naturaleza, la humanidad, el lenguaje hablado). Esos componentes extras dependen en buena medida de qué tanto los creadores logren materializar sus pensamientos, sentimientos, experiencias e ideas en imágenes, y qué tanto los y las espectadores logren entrar e involucrarse en el juego de la experiencia de la obra de arte, en este caso el cine. 




Gadamer, Hans-Georg (1996) Verdad y Método I: Fundamentos hermenéuticos de una verdad filosófica. Ediciones Sígueme- Salamanca: España









Aquí se puede ver la primera parte del documental: http://vimeo.com/20498004

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