sábado, 29 de junio de 2013

Una aproximación hermenéutica a un caso de violencia en Colombia







“Sólo la comprensión supera la limitación de la experiencia individual. Extendiéndose sobre diversas personas, creaciones mentales y comunidades, ella ensancha el horizonte de la vida individual, y en los estudios del hombre [y la mujer], abre el camino que conduce de lo común a lo general”

Wilhem Dilthey, “La construcción del mundo histórico”



Para nadie es un secreto, hoy, la persistencia del fenómeno de la violencia en Colombia. Los medios masivos de comunicación atiborran la opinión pública de noticias sobre asesinatos, masacres, actos vandálicos, violaciones etc., Las atrocidades y los crímenes inhumanos no son cosa del pasado, de los años 50, de la Violencia sanguinaria bipartidista incentivada bajo los gobiernos de Ospina, Gómez y Rojas Pinilla; ni de la violencia estimulada en los 80 por las élites políticas tradicionales y las mafias del narcotráfico. El problema subsiste, hoy, en regiones aisladas de los grandes centros urbanos, sigue ahí, latente. Empero, mi ensayo no se dirige a hacer una explicación de causalidad, minuciosa de la constelación de sucesos, el individuo histórico, que se conecta y determina la situación que pretendo exponer. Dos preguntas: ¿En qué contribuye una perspectiva hermenéutica, de comprensión de sentido, al fenómeno macro-criminal de grupos armados ilegales en Colombia, analizando un caso específico? Y ¿La ley de justicia y paz de 2005 se puede ver con la lupa de la categoría sociológica, usada por Alexander, de trauma cultural?

El método hermenéutico que utiliza el sociólogo intérprete se basa en comprensión-explicación-comprensión. Conjeturo, ya lo hice, luego analizo la estructura de la situación: hago descripción del suceso que seleccioné, doy una ubicación espacio-temporal, una identificación de actores y un establecimiento de elementos conceptuales. El tercer paso es la interpretación del sentido, la captación de las representaciones valorativas y los fines, las expectativas colectivas de comportamiento, que orientaron a los actores armados ilegales, según unos ejemplos de versión libre [Este punto todavía está por ser desarrollado en el ensayo final]. Este, básicamente, es mi plan de trabajo.

Ahora bien, el acontecimiento: la ola de violencia en Buenaventura, Valle del Cauca el pasado mes de octubre de 2012. Dejó 33 muertos. 35 civiles fueron heridos en balaceras callejeras. La policía no ha dado con los actores intelectuales. Tenemos dos actores fichados, dos organizaciones ilegales al servicio del narcotráfico, en disputa por el control del territorio, la venta de drogas al menudeo, las rutas de tráfico de armas y las extorsiones. “La empresa”, que cuenta con más de 150 miembros, su líder sería un tal “Pony”, dicen las malas lenguas, tendría poder en los barrios: Viento libre, Lleras, Santa Cruz, Inmaculada y Miraflores y las plazas de mercado de los barrios de Pueblo Nuevo y Bella vista. La otra es “Los Urabeños”, su jefe un tal “mono”, estos tendrían bajo su poder los barrios: Las palmas, r9, La carmelita, Pampalinda y 6 de Enero.  En camorra estarían los barrios Gamboa, Caldas, el Ruiz, La campiña, El triunfo, Unión de vivienda. El panorama es desolador. Falta añadir los desplazamientos de civiles: el 17 de octubre salieron 259 personas del barrio Pampalinda, el 26 salieron 80 de los barrios Gamboa, 6 de Enero, la Carmelita y Villa Ester. Estos datos según el Sub-cómite de prevención de alertas tempranas de la población Bonavarense. También se registraron 62 niños huérfanos, según un canal de televisión local. Hubo tres asesinatos con motosierra, cuerpos desmembrados y descuartizados, que infunden miedo en la población y modifican la clasificación corporal imaginaria que tienen los Bonavarenses.

Ahora bien, es preciso señalar que este tipo de violencia no está naturalizada en el pueblo colombiano. No somos un pueblo de mala entraña, la mayoría de los integrantes de estas bandas criminales son jóvenes que carecen de acceso a oportunidades laborales y educativas. El tráfico de estupefacientes y la confrontación armadas les ha dado una salida mucho más fácil para llevar una vida “digna”, ante condiciones materiales paupérrimas. Muchas veces el mundo de la vida cotidiana de estos muchachos está articulado de una manera diferente al plexo de  acción con arreglo a normas. Empero, hallar la estructura de las organizaciones delincuenciales es tarea, en primer orden, de la rama judicial, tarea que le ha quedado grande a los representantes de la misma en Colombia.

Los grupos armados al margen de la ley azotan y han azotado zonas rurales, veredas y municipios, así como los espacios más vulnerables de las ciudades. Ocurren delitos, asesinatos en masa, balaceras, con la escasa presencia, a veces el apoyo, o se hacen los de la vista gorda, de la fuerza pública. Mucho silencio ante la barbarie diaria. O se habla y se olvida. Sin embargo, los parlamentarios colombianos se llenan la boca hablando de justicia, verdad y reparación de las víctimas de la violencia. La ley 975 de 2005 fue creada como un instrumento de justicia transicional para enfrentar los desafíos de la desmovilización de actores armados al margen de la ley, pero sobre todo, para defender los derechos de las víctimas y brindarles la reparación correspondiente. Casi 400.000 víctimas, en su mayoría civiles, han acudido y han sido registradas en los centros de atención judicial de todo el país. Asimismo, aproximadamente 5.000 desmovilizados, de los cuales el 85% pertenecieron a las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), fueron identificados como victimarios o partícipes de hechos violentos.

Son pocas las ventajas y bastantes las desventajas de la aplicación de la ley de Justicia y Paz. Las versiones libres de los autores han sido un buen recurso en los procesos de investigación de la verdad y conocimiento de los hechos.  Han permitido la confesión de 48.000 delitos. La mediación simbólica de la comunicación lingüística ha hecho posible la exhumación de 38.000 fosas comunes y el descubrimiento de 5.000 cadáveres. Pero (siempre hay un pero), el procesamiento de la información ha sido limitado, hay una ausencia de los medios de comunicación en las confesiones, además de una limitada capacidad de las víctimas para contrainterrogar, así, predomina el discurso de los perpetradores del crimen.

En promedio un abogado pa’ 515 víctimas, es un ejemplo digno de cómo opera la justicia colombiana. Por otro lado, la reforma, de la que se habla recientemente, promueve la priorización, la especialización de los procesos penales (buena cosa). Se necesitan criterios especializados para violaciones en masa de derechos humanos. No son crímenes ordinarios y aislados, como se han venido tratando, sino sistemáticos, estructurados, principalmente, por organizaciones paramilitares. La mediocridad en la adjudicación de responsabilidades y en la celeridad de los procesos se ve en que sólo se han dado 14 sentencias en 7 años.  Las pocas víctimas reparadas y los escasos bienes entregados para recompensarlas materialmente, también deja mucho que desear.

La categoría de trauma cultural de Jeffrey Alexander se refiere a un acontecimiento doloroso, o una serie de sucesos al que se le atribuye socialmente una significación. Este sentido se le adjudica con anterioridad, en el desarrollo o después del suceso. Ocurre una inestabilidad, un cambio brusco, una crisis en las representaciones simbólicas de una colectividad. Una alteración en la estabilidad de la identidad colectiva.  Es menester una expansión de la conciencia de ese trauma a los distintos ámbitos del mundo de la vida cotidiana en la sociedad (así también en las esferas institucionales: religiosa, estética, jurídica, científica, mediática y de la burocracia estatal), con el fin de curar la herida. Excitar el sentimiento de solidaridad, de efervescencia colectiva, de identificación de los colombianos con las víctimas de los crímenes de Buenaventura, es un reto, que tal vez nunca se cumpla. Se clasifica un trauma cultural en base a cuatro fases: precisar la naturaleza del dolor, identificar las víctimas, establecer la relación de las víctimas con el pueblo colombiano y atribuir las responsabilidades correspondientes, hallar los autores materiales e intelectuales. Y la clave está en la reparación individual, colectiva y simbólica.

La ley de Justicia y Paz ha servido en la aclaración de hechos y la identificación de los sufrientes, pero ha flaqueado en la incapacidad para incorporar las lecciones del trauma a la identidad nacional, igualmente, es pobre en determinar culpables y castigarlos por atentar contra la conciencia colectiva de los colombianos. Esperemos que “la reforma” que ha aprobado el congreso, en los últimos días, y que ha pasado a manos del presidente de la República, corrija debidamente estos inconvenientes. Sospecho, según la prensa que he leído e “interpretado”, que el proceso de reparación para las víctimas se convierta en algo meramente administrativo, es decir, que se haga según tarifas y no en función especial del caso. Más trámites para los afectados, y salir saltando como conejos a la reparación; quizá sea un remedio rápido pero no el más apropiado para la sanación de múltiples heridas colectivas.

BIBLIOGRAFÍA:
-Alexander, Jeffrey. (2000). Las teorías sociológicas desde la segunda guerra mundial. Análisis multidimensional.  Barcelona: Gedisa Editorial. Cap. 16. La sociología cultural: El desafío hermenéutico; cap. 17.
 -Alexander, Jeffrey. (2006). On The social construction of Moral Universals. En: European Journal of Social Theory. 5-85
-Elías, Norbert. (2012). El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. México: FCE.
-Sierra Mejía, Rubén. (2012). La restauración conservadora, 1946-1957. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas.
-Uribe, María Victoria. (2006). Antropología de la inhumanidad. Un ensayo interpretativo del terror en Colombia. Bogotá: Norma Págs. 25-84.
-Weber, Max. (1978). La “objetividad” cognoscitiva de la ciencia social y de la política social. (1904). Ensayos de metodología sociológica. Buenos aires: Amorrortu Editores.

- Ley 975 de 2005. Diario Oficial No. 45.980 de 25 de julio de 2005. http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley/2005/ley_0975_2005.html

- “Ley de justicia y paz: el turno de los paras”. Revisado 5/11/2012.  http://www.semana.com/nacion/ley-justicia-paz-turno-paras/186394-3.aspx
-“Nueva ola de asesinatos sacude a Buenaventura”. Revisado 5/11/2012.   http://www.semana.com/nacion/nueva-ola-asesinatos-sacude-buenaventura/187285-3.aspx
-Buenaventura completa 23 días bajo la violencia entre 'urabeños' y 'la Empresa'. Revisado 5/11/2012.   http://www.elpais.com.co/elpais/valle/noticias/buenaventura-completa-23-dias-bajo-violencia-entre-urabenos-y-empresa
- “Defensoría alerta por gravedad de hechos violentos en Buenaventura”. Revisado 5/11/2012.   http://www.elpais.com.co/elpais/valle/noticias/defensoria-alerta-por-gravedad-hechos-violentos-buenaventura
-“Entierran a hombre que fue descuartizado en Buenaventura”. Revisado 5/11/2012.   http://www.elpais.com.co/elpais/valle/noticias/entierran-hombre-fue-descuartizado-buenaventura
-“Hallan otro cuerpo desmembrado en muelle turístico de Buenaventura”. Revisado 5/11/2012.   http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/autoridades-hallan-otro-cuerpo-desmembrado-muelle-turistico-buenaventura
- “Dieciséis familias desplazadas por violencia en Buenaventura”. Revisado 5/11/2012.   http://www.elpais.com.co/elpais/valle/noticias/dieciseis-familias-desplazadas-por-violencia-buenaventura
-Uprimny, Rodrigo.  La ambigua reforma a “Justicia y paz”. Revisado 5/11/2012.   http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/3382-la-ambigua-reforma-a-justicia-y-paz.html
-“Informe especial del noticiero de Buenaventura sobre los familiares de las víctimas”. Revisado 5/11/2012. http://www.soydebuenaventura.com/index.php?tipo=noticias&seleccion=13&ver=1&id=7040:informe-especial-del-noticiero-de-buenaventura-sobre-los-familiares-de-las-victimas
-“Desplazamientos no ceden en barrios de Buenaventura”.  Revisado 5/11/2012. http://www.eltiempo.com/colombia/cali/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12348067.html
-“Sin justicia ni paz”. Por: Natalia Herrera Durán. http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-384525-sin-justicia-ni-paz

-Informe matriz cómite  inter-institucional de Justicia y Paz. http://www.justiciatransicional.gov.co/documents/14227/19595/INFORME%20M...pdf

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