sábado, 29 de junio de 2013

La imprenta (n_n)







Consecuencias históricas de la cultura impresa en la civilización occidental



La obra de Eisenstein: “La revolución de la imprenta en la Edad Moderna europea”, explica y analiza muy bien el modo en que la invención de la imprenta cambió la comunicación escrita dentro del mundo del conocimiento. La historiadora analiza este factor de cambio, enlazado a muchos otros, de manera multicausal, mostrando las transformaciones de las élites profesionales de la alta cultura en la civilización occidental europea. Observando tres hechos históricos fundamentales: el renacimiento, la reforma protestante y la revolución científico-técnica. El cuerpo del texto se divide en 8 capítulos: “El nacimiento de la cultura impresa en occidente; la definición del cambio inicial; las características de la cultura impresa; la ampliación de la república de las letras; el renacimiento continuo, el giro de un resurgir de lo clásico; el cisma de la cristiandad occidental, un nuevo telón de fondo para la reforma; el libro de la naturaleza transformado, la imprenta y el nacimiento de la ciencia moderna; escritura y naturaleza transformada”


Ahora bien, me centraré en los cuatro primeros capítulos de ésta excelsa obra. Que se refieren al paso de la escritura manual a la imprenta. Como historiadora, Eisenstein, primero, hace un estudio preliminar del momento y lugares (las condiciones) en que viene a la vida éste nuevo universo simbólico alrededor del texto impreso. Espacialmente, se ubica primero en Italia, pasa a Alemania, luego a Francia e Inglaterra; aunque siempre tiene como punto de referencia todo el viejo continente, y el resto del mundo para comparar, ilustrar y comprender, específicamente, el caso europeo. En la cronología también es bastante elástica, abarca todo el período que denomina “Post-Gutenberg”, desde mediados del siglo XV hasta finales del siglo XVI. El paso de la cultura de los amanuenses a la cultura del maestro impresor, revela inconvenientes de falta de fuentes respecto a la primera, y el exceso respecto a la segunda. El salto del texto amanuense al texto impreso, representó un cambio gradual o evolutivo, al tiempo que una revolución, o un cambio radical en las estructuras económicas, sociales y culturales de los pueblos occidentales. 


Dos tareas del historiador en estos primeros capítulos. La pretensión de estudiar los cambios relevantes, las transformaciones sociales (la incorporación de una tecnología a unas sociedades) para entender y reconstruir las antiguas formas de conciencia. La revolución en las comunicaciones, que supuso la invención de la imprenta, en interdependencia con un cúmulo de fenómenos, es vista, en primera instancia, desde la perspectiva socio-económica. El incremento de la producción de libros y la reducción del tiempo de trabajo, son los dos primeros contrastes. La transición de un modo de producción artesanal a un modo de producción capitalista. De un negocio poco rentable a una división del trabajo, una competencia, unos intereses comerciales y un mercado en expansión más marcados. Del escritorio del amanuense al taller del impresor, que a su vez generó la reagrupación de multitud de oficios y de múltiples intercambios culturales. Así, se generaron nuevas formas de interacción entre diferentes clases sociales. El impresor se erige como empresario, “todero”, que desempeña una multitud de funciones dentro de su empresa, al tiempo, adquiere status y prestigio dentro de la urbe. 


Deshilvanando el ovillo, el consumo de productos impresos se hizo más difícil de valorar que la producción, para la autora. Eisenstein sugiere cautela a la hora de afiliar tipos genéricos de libros con grupos de lectores. Igualmente es reacia a establecer fórmulas unívocas que determinen procesos. Como aquella que la palabra fue desplazando a la imagen. Sin duda hubo una metamorfosis cultural que transformó las maneras de aprendizaje, conocimiento y memoria colectiva de los europeos de la época. Una crisis de significados con repercusiones psicosociales y psicogenéticas, que nada apunta a que la imagen fuera desapareciendo. Todo lo contrario, el libro impreso posibilitó la multiplicación de una cantidad infinita de referencias visuales. Los rasgos de la tipografía son descritos a modo de características de la cultura impresa: la estandarización, la fundición, la repetitividad, la simultaneidad de letras, imágenes, números que provocaron un reconocimiento de la diversidad, y el individualismo al escribir (expresado en el género del ensayo, informal y personal, desarrollado por Michell de Montaigne). Una mayor reorganización de textos y obras de consulta, una racionalización y codificación de datos, con una reiteración de lugares comunes y clichés en los contenidos, conforman el resto de atributos del mundo de significados de la empresa del recortador de tipos, o el cajista impresor. La autora le asigna a la obra su propio movimiento espacio-temporal, y en los siguientes apartados se propone, valiéndose de imágenes, mapas, códigos, fechas, nombres etc., enlazar el cambio en las comunicaciones con situaciones históricas concretas. Y cómo esto alteró los métodos de recopilación de datos, los sistemas de almacenamiento y las redes de comunicaciones en el mundo moderno. 







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